La aparición de animales en los espectáculos de Roma podía ser de varios tipos. Estaban las venationes o caza de fieras; las exhibiciones de animales, por ejemplo en la pompa o la utilización de animales salvajes en las ejecuciones de condenados a muerte, llamadas damnatio ad bestias. La actividad y actuación de estos animales era variada y dependía de la necesidad de dar espectáculo, del tipo de animal, de si era agresivo o no, de la participación o no de personas y del lugar donde se realizaran: el circo, el foro, el anfiteatro, el teatro o cualquier otro espacio habilitado para ello.

La aparición de animales en los espectáculos de Roma podía ser de varios tipos. Estaban las venationes o caza de fieras; las exhibiciones de animales, por ejemplo en la pompa o la utilización de animales salvajes en las ejecuciones de condenados a muerte, llamadas damnatio ad bestias

Aunque con el tiempo los ludi venatorii terminarían siendo mucho más célebres que las exhibiciones y la damnatio ad bestias, esta es la que menos extraña nos resulta, tras haber recibido como legado de los autores cristianos la imagen de un león en un anfiteatro atacando a un cristiano; imagen repetida después en el cine y las novelas históricas. Los ludi venatorii, o juegos de caza, formaban parte del grupo de espectáculos que los romanos disfrutaban. Eran varios y de diferente tipología. Entre los más queridos estaban los ludi circenses, es decir, las carreras de carros en el circo, y los ludi theatrici, las obras de teatro.

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Mosaico de la gran cacería. Villa romana del Casale, Sicilia. Foto: Wikimedia Commons

Son muchas las historias que cuento en mi libro, pero aquí he decidido contarles mi anécdota favorita. En el año 55 a. C., para celebrar la inauguración del primer teatro de piedra de Roma, Pompeyo soltó una veintena de elefantes africanos en el circo para ser cazados por varias personas. Era la primera vez que se realizaba este tipo de espectáculo, aunque los elefantes ya eran bastante familiares para los romanos. Debido a lo dificultoso del espectáculo se tomaron medidas para evitar desgracias entre el público instalando unas rejas de hierro. Los cazadores, que eran gétulos, pueblo nómada del desierto, cazaban lanzando un venablo hacia el párpado inferior de la fiera que, alcanzada en el cráneo, caía, o bien la paralizaban atravesando las patas con el mismo arma.

En el año 55 a. C., para celebrar la inauguración del primer teatro de piedra de Roma, Pompeyo soltó una veintena de elefantes africanos en el circo para ser cazados por varias personas

Uno de los elefantes herido de esta forma se arrastró con las rodillas hasta uno de los cazadores, con la trompa le arrancó el escudo y lo lanzó al aire. El pueblo de Roma se enardeció. Los elefantes, en cambio, asustados, en un momento dado intentaron salir de estampida; pero viendo que no había posible huida comenzaron a emitir un sonido lastimero, como de súplica, que conmovió a los espectadores y al propio editor, que les perdonó la vida (Plinio, Historia natural viii, 20-21). Que tanto Plinio como Dión Casio (Dión Casio, xxxix, 38, 2-4), Séneca (Séneca, La brevedad de la vida 13, 6) y Cicerón (Cicerón, Cartas a los familiares, 7, 1, 3) dejasen constancia de este evento es bastante ilustrativo del impacto que generó este espectáculo.

María Engracia Muñoz Santos

Reseña

Muchos aspectos de la antigüedad permanecen en un discreto anonimato para la historiografía, por lo que constituyen una gran oportunidad para jóvenes investigadores que quieren profundizar en ellos con el fin de arrojar una luz necesaria a la hora de reconstruir el mosaico de nuestro pasado. Es el caso de María Engracia Muñoz Santos, historiadora y arqueóloga, especialista en el mundo de los animales en la antigüedad, que ha publicado su primer libro Animales in Harena (Confluencias, 2016).

978849463804

Estamos ante una disciplina nada fácil. Estudiar el papel de los animales en la antigüedad, concretamente en el mundo de los espectáculos romanos, requiere, por una parte, conocimiento de la historia, por otra parte, conocimientos técnicos del mundo animal. Solo una persona de una gran dedicación y entusiasmo es capaz de ofrecer una obra como la que el lector puede disfrutar ahora. La autora ha buceado en todas las fuentes posibles para ofrecernos un libro con una documentación desbordante, repleto de datos e información de gran originalidad, en el que no queda ni un cabo suelto. Ante nosotros desfila todo el proceso por el que los animales eran capturados, trasladados, estabulados, utilizados y, en el caso de que fueran muertos, su destino final. Aquí no lo vamos a desvelar, que sea el lector quien lo haga a través de este pequeño, pero ameno estudio.

Mario Agudo Villanueva