En estos días los medios de comunicación se han hecho eco de una magnífica escalinata aparecida en un yacimiento que ya venía deparando importantes resultados: el Turuñuelo de Guareña, en Badajoz. Estamos ante un enclave comparable en su importancia a Cancho Roano, que cada vez va aportando más información sobre Tarteso, en los albores de la civilización peninsular. Hemos querido acercarnos a los trabajos que vienen realizándose allí de la mano de Esther Rodríguez, codirectora de las excavaciones.

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Vista aérea del yacimiento. Foto: equipo investigador

Pregunta – ¿Cuándo comenzó la campaña arqueológica en el Turuñuelo y en qué estado se encuentra actualmente?

Respuesta – Los primeros trabajos arqueológicos llevados a cabo por el equipo del Instituto de Arqueología del CSIC comenzaron en el año 2013, cuando procedimos a la prospección del enclave y su entorno. El hallazgo de diversos restos materiales nos llevó a plantear la ejecución de un sondeo estratigráfico y la limpieza de varios de sus perfiles. Fue en ese momento cuando nos dimos cuenta de la importancia del enclave dado el buen estado de conservación de los materiales que documentamos.

De ese modo, planteamos la I Campaña de excavaciones arqueológicas llevada a cabo en el año 2014 con la colaboración de estudiantes procedentes de diversas universidades españolas. Durante los mencionados trabajos llevamos a cabo la excavación de la estancia 100, la de mayor tamaño de las hasta el momento documentadas, pues alcanza los 70 m2 de superficie.

El hallazgo de diversos restos materiales nos llevó a plantear la ejecución de un sondeo estratigráfico y la limpieza de varios de sus perfiles. Fue en ese momento cuando nos dimos cuenta de la importancia del enclave dado el buen estado de conservación de los materiales que documentamos.

Durante el año 2015 ejecutamos la II Campaña de excavación, momento en el que procedimos a la exhumación del vestíbulo que da acceso a la estancia principal y la denominada habitación sur, lugar donde fueron localizados un gran elenco de materiales entre los que cabe destacar el caldero de bronce o la parrilla.

El pasado mes de marzo dimos inicio a la III Campaña de excavaciones, unos trabajos que continuaremos durante el próximo mes de mayo. Esta vez la intervención se centró en el extremo este del vestíbulo, punto en el que ha sido hallada una escalinata monumental que ha cambiado por completo nuestra percepción del yacimiento. Su altura, de 2,5 m, salva la separación entre los dos pisos que componen la edificación. En los próximos días reanudaremos los trabajos de campo con el objetivo de conocer el ámbito en el que localiza la escalinata y así comprobar si se trata de un espacio abierto o cerrado.

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Trabajos arqueológicos en El Turuñuelo. Foto: Esther Rodríguez

Pregunta – Descríbenos brevemente el yacimiento y los principales hallazgos que se han producido allí.

Respuesta – El yacimiento de El Turuñuelo es un edificio que parece estar exento, compuesto de diversas estancias y que conserva dos pisos construidos, un hecho que hace de este yacimiento un ejemplo único y excepcional para el estudio de la arquitectura tartésica. Aunque es enorme el volumen de información que manejamos, apenas hemos alcanzado el 10 % de la superficie de excavación, pues se trata del edificio bajo túmulo de mayor tamaño de los conservados a lo largo del valle medio del Guadiana.

En cuanto a su estructura, únicamente conocemos la estancia principal antes mencionada, compuesta por tres ámbitos. En el primero de ellos destaca la presencia de una gran pileta semicircular, el segundo por la aparición de una gran piel de toro extendida dibujada en el suelo de la estancia y, el tercero, por la existencia de un sarcófago/bañera de piedra ubicado sobre un pedestal en forma de ‘U’ construido en adobe. Frente a la bañera se localiza un gran banco corrido forrado de pizarras que recorre buena parte del muro norte de la estancia.

El yacimiento de El Turuñuelo es un edificio que parece estar exento, compuesto de diversas estancias y que conserva dos pisos construidos, un hecho que hace de este yacimiento un ejemplo único y excepcional para el estudio de la arquitectura tartésica.

El acceso a esta habitación principal se realiza por una gran puerta de casi dos metros de luz flanqueada por dos pilares. Cuenta con tres escalones realizados con adobe y da paso a un vestíbulo distribuidor. De las puertas que salen del vestíbulo solo hemos excavados dos. La que mira al sur da acceso a una pequeña estancia que cuenta con dos pequeños altares en forma de piel de toro ubicados en el centro de la misma. Fue en el interior de esta estancia sur donde se localizaron los elementos relacionados con la realización de un banquete, caso de la parrilla de bronce y el caldero, así como una colección de copas de imitación griega. Por su parte, la puerta que da al este es la que da paso a la gran escalinata recientemente excavada que permite la comunicación entre la planta inferior y la superior, a la que corresponden las estancias descritas.

La escalera cuenta con 10 peldaños, aunque posiblemente quede uno más por descubrir. Cinco de ellos están construidos con lajas de pizarra y otros cinco con un mampuesto de cal y granito a modo de sillares. A ambos lados de la misma se han documentado dos pasillos. En uno de ellos han sido documentados dos caballos en posición anatómica y con los herrajes puestos en la boca, mientras que en el pasillo opuesto cabe destacar la aparición de los restos óseos de varios bóvidos, un juego de ponderales de bronce, tres ungüentarios de pasta vítrea y varias utensilios de hierro, entre otros.

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Caldero de bronce hallado en El Turuñuelo. Foto: Esther Rodríguez

Pregunta – ¿Con qué otros yacimientos podría tener conexión?

Respuesta – El Turuñuelo de Guareña forma parte de una red de enclaves ubicados en el llano, justo en la confluencia del Guadiana con alguno de sus afluentes. Se trata de los denominados edificios tartésicos ocultos bajo túmulo, una tipología de asentamiento que se corresponde con la existencia de construcciones realizadas en adobe y de planta cuadrangular, tipo Cancho Roano (Zalamea de la Serena), cuya cronología se extiende entre los siglos VI – IV a.C., momento este último en el que se ocultan y abandonan.

En la actualidad conocemos un total de 11 elevaciones tumulares a lo largo de la cuenca media del Guadiana a partir de las cuales se organiza el sistema político y territorial de la I Edad del Hierro en este amplio territorio. Parece que cada una de ellas contó con una actividad primordial que les permitía complementarse, aunque su papel principal siempre estuvo vinculado con la explotación de las fértiles tierras que los circundan.

Se trata de los denominados edificios tartésicos ocultos bajo túmulo, una tipología de asentamiento que se corresponde con la existencia de construcciones realizadas en adobe y de planta cuadrangular, tipo Cancho Roano (Zalamea de la Serena).

Este modelo territorial lo completan algunos enclaves en llano de pequeño tamaño conocidos como granjas o caseríos que no alcanzan la hectárea de extensión y un gran asentamiento en altura amurallado, localizado justo en la confluencia entre los ríos Guadiana y Zújar. Me refiero al yacimiento de El Tamborrio, en Villanueva de la Serena, quien posiblemente sería el encargado del control de los enclaves tumulares y la explotación del territorio.

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Bañera/sarcófago de una estancia de El Turuñuelo. Foto: Esther Rodríguez

Pregunta – ¿Qué aporta el Turuñuelo al conocimiento de la historia y la sociedad de Tarteso?

Respuesta – El buen estado de conservación del Turuñuelo lo convierte en un ejemplo excepcional para el conocimiento de esta cultura, a pesar de lo alejado que se encuentra del tradicional núcleo de Tarteso ubicado entre las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz.

La conservación de todo tipo de semillas, tejidos, restos óseos, maderas, cerámicas y bronces, nos está permitiendo reconstruir desde el paisaje que les rodeaba, su dieta, el vestido o algunos de los elementos muebles con los que contaban. Pero sin duda, es la arquitectura la que está aportando mayores novedades acerca de las técnicas constructivas empleadas en aquel momento, pues ahora estamos documentando elementos y materiales que pensamos que no habían sido empleados hasta época romana. Basta con citar el mortero empleado para la construcción de los sillares que conforman la escalera, similar al opus caementicium cuya aparición se le atribuye al mundo romano. A ello se suma la construcción de grandes muros de adobe que alcanzan los 2 m de anchura y la posible existencia de una falsa bóveda edificada con ladrillos de adobe cocido que cubriría la estancia principal del edificio. En definitiva, un destacado número de elementos arquitectónicos que nos desvelan la pericia de los constructores de Tarteso, capaces de diseñar y ejecutar construcciones de hasta 5 m de altura y escaleras de 2,5 m.

La conservación de todo tipo de semillas, tejidos, restos óseos, maderas, cerámicas y bronces, nos está permitiendo reconstruir desde el paisaje que les rodeaba, su dieta, el vestido o algunos de los elementos muebles con los que contaban.

Por todo ello, el Turuñuelo es un ejemplo para el estudio de nuestro pasado en general y de Tarteso en particular, pues constituye un caso único en la Península Ibérica al ser la primera construcción que conserva dos plantas construidas. No obstante, creemos que este es solo el inicio de todas las sorpresas que puede depararnos este yacimiento, pues con toda la extensión que queda por excavar, a buen seguro ampliaremos nuestro conocimiento acerca de los modos de vida de las sociedades de la I Edad del Hierro.

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Estancia de la piel de toro de El Turuñuelo. Foto: Esther Rodríguez

Pregunta – ¿Cuáles son las principales líneas de investigación en la actualidad en relación con Tarteso?

Respuesta – Tarteso es un tema que ha sufrido desde su aparición a principios del siglo XX un gran número de altibajos, cuyos extremos se sitúan entre la existencia o no de esta cultura. Muchos lo han identificado con una ciudad, otros con un territorio, accidentes geográficos o un reino, pero lo cierto es que parece que en la actualidad los últimos avances acerca de esta cultura han permitido sentar una definición más clara. Aunque algunos investigadores aún lo ponen en duda, parece que la comunidad científica está de acuerdo en definir Tarteso como el sustrato que surge de la unión entre fenicios e indígenas en torno al siglo VIII a.C. Lógicamente, no se trata de una cultura homogénea que ocupa todo el valle del Guadalquivir, sino que en función de las tradiciones locales de cada territorio se definirían una serie de regionalismos que hacen de Tarteso una singular cultura cuyo punto en común es la influencia mediterránea.

Así, en estos momentos volvemos a vivir una etapa de auge de Tarteso con la celebración de encuentros y la publicación de trabajos en torno a ello. Cabe recordar que en el 2018 se cumplen los 50 años de la celebración del primer Simposio sobre Tarteso organizado en Jerez de la Frontera por el profesor Juan Maluquer de Motes. En este contexto está prevista la celebración de un nuevo congreso que sirva para presentar las últimas novedades en torno a este interesante tema.

Aunque algunos investigadores aún lo ponen en duda, parece que la comunidad científica está de acuerdo en definir Tarteso como el sustrato que surge de la unión entre fenicios e indígenas en torno al siglo VIII a.C.

Pregunta – Tarteso se ha prestado a divagaciones de todo tipo ¿de qué manera crees que puede combatirse la pseudo-divulgación histórica?

Respuesta – El desconocimiento de Tarteso hasta hace pocos años ha propiciado su vinculación con el mito; sin embargo, a medida que la Arqueología avanza conocemos más de su estructura social, sus santuarios, sus poblados y necrópolis, así como de su cultura material, por lo que actualmente nos encontramos más cerca de la realidad histórica.

El desconocimiento de Tarteso hasta hace pocos años ha propiciado su vinculación con el mito.

Pero también imagino que con esta pregunta quieres hacer referencia a la relación que se establece entre Tarteso y la Atlántida. Nunca me manifestaré en contra de aquellos que ven en Tarteso un mito, pues cada uno es libre de defender una hipótesis, por lo que siempre será complicado combatir la pseudo-divulgación a la que haces referencia. No obstante, se trata de un tema que escapa al racionalismo científico, pues la Atlántida si es un mito creado por Platón y solo en ese marco debe ser tratado.

Autor

Mario Agudo Villanueva