Todo el mundo quiere al Turuñuelo

A principios del pasado mes de noviembre, la Fundación Palarq concedió el primer Premio Nacional de Arqueología y Paleontología al proyecto Construyendo Tarteso en reconocimiento de su “excelencia y originalidad”, amén de otras muchas razones que, tras un largo debate entre los especialistas, declinaron por unanimidad la balanza a su favor. Dos semanas después, en el Museo Arqueológico Nacional, Mediterráneo Antiguo tuvo la oportunidad de entrevistar a Antonio Gallardo, presidente de la referida entidad; Luis Monreal, en representación del jurado que falló la distinción; Andrew Selkirk, confundador del British Archaeology Awards y, por supuesto, a los directores de la excavación, Sebastián Celestino y Esther Rodríguez (CSIC) – a quien ya tuvimos ocasión de entrevistar-, bajo dos tapices con motivos cinegéticos muy apropiados para dialogar sobre los sacrificios de animales que han hecho célebre al yacimiento pacense.

A la luz de sus nuevos hallazgos, ¿qué es Tartesos?

-Una pregunta de 80.000 €-, contesta veloz Monreal, en alusión a la sustanciosa cantidad otorgada a este equipo del Consejo, pasando a referir a continuación las virtudes por las que finalmente se decantaron a la hora de escogerlo entre los otros 29 candidatos. Quizá, por la filantropía del acto, de todas las alabanzas glosadas cabe destacar la “ilusión” de los miembros que exhuman el Turuñuelo, varias veces reiterada, la misma que sigue iluminando los ojos a la Dra. Rodríguez cuando se refiere a la “joya” donde tiene la suerte de trabajar, algo que define, sonriente, como “una gozada”. Tras dicho arranque de humanidad, retoma enseguida el riguroso tono académico que le caracteriza e impera en la reunión, insistiendo en la cautela interpretativa de todo cuanto se va descubriendo. Ni siquiera -aunque las estructuras y materiales que van desenterrándose apunten en esta dirección-, quieren referirse al lugar como un santuario, por el momento, ni clasificarlo bajo el clisé de tartésico. A su entender, concluyendo el 2018, los viejos paradigmas historicistas promulgados por Adolf Schulten han quedado obsoletos, y, por supuesto, carece de toda razón y sentido cualquier deriva mística hacia la siempre recurrente Atlántida. Ellos son científicos, rigurosos, y su quehacer contribuye a despejar, poco a poco, “la nebulosa del mito” que se cierne sobre aquella antigua civilización del suroeste peninsular.

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Equipo de “Construyendo Tarteso” trabajando sobre los restos óseos encontrados. Foto cedida por el proyecto “Construyendo Tarteso”

Sin embargo, a este respecto, Monreal vuelve a intervenir para señalar el gran parecido que mantenemos con los antiguos pobladores del Mediterráneo: “un mundo global muy próximo a nosotros”; diverso, plural, heterogéneo, sí, pero interrelacionado, la vívida imagen del charco de ranas platónico, avant la lettre. Y a colación de lo anterior se establece también el símil con el microcosmos del equipo multidisciplinar que constituyen los entusiasmados colaboradores del proyecto. Y si durante los últimos días de la campaña, inoportunamente, aparecen unos huesos sospechosos, al descolgar el teléfono y solicitar ayuda, tratándose de este yacimiento (todo el mundo quiere al Turuñuelo) un especialista se cruza la península sin pestañear para dar su veredicto la mañana siguiente: “es humano… pero le faltan las costillas”. Quizá estuviese sentado, custodiando un umbral, armado con lanzas.

Monreal vuelve a intervenir para señalar el gran parecido que mantenemos con los antiguos pobladores del Mediterráneo: “un mundo global muy próximo a nosotros”; diverso, plural, heterogéneo, sí, pero interrelacionado, la vívida imagen del charco de ranas platónico, avant la lettre.

Ahora bien, por el momento no puede saberse si este individuo también fue sacrificado durante la hecatombe animal que atesta el patio -de una forma sin parangón en todo el Mediterráneo-, ni de qué forma fue inmolado. Pero gracias a la pecunia recibida, muchas de las analíticas que estaban en cola debido a su elevado coste podrán llevarse a cabo para tratar de esclarecer estos y otros interrogantes sobre nuestros ancestros. No obstante, sobre el particular también se pide calma. Si a día de hoy somos capaces de medir el colesterol que tenía un caballo de hace 2.500 años, ¿de qué seremos capaces dentro de una década? La arqueología tiene un tempo diametralmente opuesto a la vertiginosa velocidad que caracteriza a nuestro presente.

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Vista general del yacimiento. Foto cedida por el proyecto “Construyendo Tarteso”

Y por ello se hace aún más loable el mecenazgo privado de la Fundación Palarq. El objeto de su premio, desprovisto de la imperante rentabilidad inmediata o mercantil, es servir de “estímulo” a las humanidades, a largo plazo, con la sola condición de que los galardonados divulguen el pasado a la sociedad contemporánea a la que se deben.

Autor

Ángel Carlos Pérez Aguayo

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