Assassin’s Creed Odyssey: un viaje virtual a la Grecia clásica (I – Delfos)

Mientras no descubramos la máquina del tiempo, la única posibilidad que tenemos de acercarnos a lo que pudo ser nuestro pasado más remoto se basa en dos disciplinas: la arqueología, que investiga sus restos materiales, y la historia, que analiza las fuentes documentales de que disponemos. Hasta hace algunos años, la única ventana que nos permitía mirar más allá del desolado presente era la que nos brindaba el mundo de la ilustración tradicional, en base a la que podíamos recrear cómo fueron algunos escenarios históricos -en este sentido, en Mediterráneo Antiguo hemos reseñado obras como la de Jean-Claude Golvin, editadas en España por Desperta Ferro, y que constituyen una delicia para los amantes de la historia-. Sin embargo, el desarrollo de las tecnologías de recreación y virtualización del patrimonio nos ha permitido dar un paso más allá, no sólo desde el punto de vista de sus indudables aplicaciones para el mundo académico -del cual nos hemos ocupado, por ejemplo, con los trabajos realizados por Philip Sapirstein en Olimpia; sino también en el ámbito de la difusión, como es el caso de los museos y yacimientos arqueológicos y, de forma más general, en el mundo del ocio.

Es precisamente en un sector en crecimiento, el de los videojuegos, que goza de una enorme potencialidad, dada su importante penetración entre los públicos más jóvenes, donde la compañía Ubisoft ha realizado una admirable apuesta por la historia con la saga Assassin’s Creed. La primera entrega que llegó al mercado en relación con el mundo antiguo fue Origins, juego ambientado en el Egipto faraónico, que ya nos asombró por su enorme despliegue gráfico. Pero fue en 2018, con el lanzamiento de Odyssey, una aventura que nos transporta a diferentes lugares de la Grecia clásica, cuando esta apuesta se ha consolidado como una interesante alternativa divulgadora. Por ello, el equipo de Mediterráneo Antiguo ha querido sumergirse en algunos de los escenarios de este interesante juego para desentrañar su potencial como una herramienta más de propagación de conocimiento sobre nuestro pasado. En los próximos días iremos publicando nuestro análisis de algunos de los escenarios clave del juego. Comenzamos por el oráculo de Apolo en Delfos.

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Imagen del videojuego Assassins Creed Odyssey

Unas notas preliminares sobre Delfos

El santuario de Apolo en Delfos, sede del oráculo del dios, fue uno de los lugares de mayor influencia espiritual y política de toda Grecia. Estamos ante un enclave de carácter panhelénico. En torno al templo principal, sede de la pitia que pronunciaba las palabras divinas, se fueron erigiendo “tesoros” consagrados por diferentes póleis, que se disponían a uno y otro lado de la Vía Sagrada. Un teatro y un estadio, situado en la parte superior, completaban el conjunto, cuyos orígenes se remontan a tiempos arcaicos, pues antes del famoso oráculo apolíneo debió de existir otro de carácter ctónico consagrado a Gea, tal y como se desprende de la narración de los ciclos míticos de su fundación. El paraje natural en el que se asienta es espectacular, en la garganta que horada el río Pleistos, en una ladera del monte Parnaso, sede mítica de las inspiradoras musas, a la sombra de las rocas Fedríades (“las Brillantes”), unas altísimas paredes verticales entre las que mana la cristalina agua de la fuente Castalia, corazón del santuario debido a su carácter liminar.

Infografía Delfos

La recreación de Ubisoft

La recreación de este icónico conjunto arquitectónico en Odyssey es muy evocadora. El aspecto general, salvando algunos detalles, resulta verosímil, pues se ha cuidado la peculiar estructura del enclave, cuyas construcciones se acomodan en zigzag alrededor de la Vía Sagrada sobre la ladera del monte Parnaso.  Si bien, suponemos que por necesidades del juego, se han reducido algunas distancias y eliminado algunos elementos.

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Vista general del santuario con el cauce del río Pleistos al fondo. Foto: Mario Agudo Villanueva

En el plano superior pueden situarse algunos de los puntos más importantes del santuario tal y como se encuentra en la actualidad. Como es lógico, el foro romano (1) no aparece en el juego, cuya primera fase se inicia en la batalla de las Termópilas, acontecida a finales del verano del año 480 a.C., lo que nos permite situar cronológicamente su desarrollo en el período clásico. Lo primero que nos encontramos, por tanto, es con la entrada sureste (2 – a). Nada más franquearla, a nuestra derecha, se ha colocado el Toro de los Corcireos (b), obra del broncista Teótropos, tal y como se considera que estaba ubicado desde el año 490-480 a.C. Al otro lado de la Vía Sagrada se ha reproducido la Base de los “Almirantes” (c), ofrenda de los espartanos tras Egospótamos, allá por el 404 a.C. El conjunto estaba formado por treinta y siete estatuas de bronce de los generales de la flota del general Lisandro y de los dioses que ayudaron a la ciudad. Por razones prácticas, suponemos, en el juego se han reducido a once imágenes. La Base de los Arcades, datada hacia el 369 a.C. y la base de la Confederación Aquea, entre los siglos III y II a.C., se han obviado correctamente, pues son posteriores a la época en la que se ambienta la cinta. También se ha omitido de forma acertada el Caballo de Troya, que los argivos ofrendaron al santuario tras su victoria sobre Esparta en el 414 a.C., ya que resulta un poco tardía para la cronología del juego.

infografía delfos ubisoft

El siguiente espacio que encontramos recreado es parte de la Ofrenda de los Argivos (3 y d), datada hacia el año 456 a.C., que queda a la izquierda del camino. Su erección se debió a la victoria sobre los espartanos en la batalla de Enoe. Al otro lado, se levantó más tarde otra ofrenda de los argivos, hacia el año 369 a.C., que representaba a los reyes de Argos y a Heracles, pero ha sido bien eliminada en el juego, puesto que es posterior a la cronología en que transcurre. Alguna duda más nos genera la omisión de la Ofrenda de los Atenienses, datada entre los años 460-450 a.C., que fue erigida en recuerdo de la victoria de Maratón, que tuvo lugar años antes, en el 490 a.C. Su cronología es muy próxima a la de la primera parte de la ofrenda de los Argivos, que sí aparece.

La recreación de este icónico conjunto arquitectónico en Odyssey es muy evocadora. El aspecto general, salvando algunos detalles, resulta verosímil, pues se ha cuidado la peculiar estructura del enclave, cuyas construcciones se acomodan en zigzag alrededor de la Vía Sagrada sobre la ladera del monte Parnaso. 

A continuación deberíamos encontrar, aunque ha sido también omitida, la Ofrenda de los Tarentinos, del siglo V a.C., un conjunto de mujeres cautivas y caballos que antecedía a dos edificios que sí aparecen y que culminan este primer tramo de la Vía Sagrada: el Tesoro de Sición (4 – e) y el Tesoro de los Sifnios (5 – f), ambos del siglo VI a.C. Tras este último, se ha recreado un patio con unos 20 kuroi del que no hay restos arqueológicos y, por tanto, parecen una licencia de los creadores, que no deja de estar bien adecuada a la cronología del templo al que pertenecen. Llegamos así al primer recodo del camino, donde nos encontramos ante el Tesoro de los Beocios, que queda a mano izquierda, datado en el siglo VI a.C. y que no se ha recreado en el videojuego -salvo que sea el que nosotros hemos interpretado como Tesoro de los Potideos-. Al otro lado, se encuentra el Tesoro de los Megarenses (h), un pequeño templete que queda frente al Tesoro de los Sifnios y que parece ser el diminuto edificio que nos aguarda en el recodo a la derecha del camino cuando continuamos la ascensión por el santuario.

El siguiente tramo es una de las áreas más logradas de la recreación que nos ofrece el equipo de Odyssey: el entorno del Tesoro de los Atenienses con la plaza triangular (6 – j), el Tesoro de los Potideos (g), la Esfinge de los Naxios (10 – l) y la escalinata de ascenso al nivel del Boulouterion (9 – k). El primero fue consagrado a finales del siglo VI a.C., tras la abolición de la tiranía de los Pisistrátidas en la capital del Ática y la posterior restitución de la democracia de la mano de las reformas de Clístenes. Sobre la plaza triangular, los atenienses depositaron las ofrendas del botín de la victoria de Maratón, del 490 a.C. En el juego se ha optado por recrearlo con tres estatuas de soldados, otros tantos trípodes y una serie de estelas. Detrás del tesoro de los Atenienses se ha representado el Asclepeion (8 – i), dedicado probablemente en el siglo VI a.C. y, como hemos señalado, el Boulouterion, sede de la influyente Anfictionía de Delfos, al que podía accederse desde unas escaleras que emergían desde las cercanías del tesoro de los atenienses.

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Captura del videojuego que muestra en primer plano el tesoro de los Atenienses con la plaza triangular y las ofrendas de Maratón, junto con la escalinata que conduce al Boulouterion. Detrás del tesoro de los Atenienses, casi tapado por completo, está el Asclepeion y a la izquierda, con cuatro columnas, el tesoro de los Potideos. Captura de Pablo Aparicio Resco.

Siguiendo el camino, al norte del Boulouterion, nos encontramos con la Roca de la Sibila y la Roca de Leto, que preceden a la columna que servía de base de la magnífica Esfinge de los Naxios (10 – l). La piedra de la Sibila recibe su nombre de la antigua profetisa de Gea, el oráculo que precedió al de Apolo, pues se dice que estaba allí ubicado. La Roca de Leto lleva el nombre de la madre del dios fundador del santuario, que, según el mito, reposó en este enclave para alentar a su hijo en la lucha contra Pitón, la serpiente que custodiaba el paraje y que fue derrotada. Unos metros más adelante nos adentramos en el Halos (m), una pequeña plaza pavimentada en la que se conmemoraba esta victoria anualmente. En su flanco norte se encontraba el Pórtico de los Atenienses (11 – n), también recreado en el videojuego, que es una magnífica construcción soportada por ocho columnas de orden jónico, erigida hacia el 470 a.C., por tanto, entra en el alcance cronológico de la historia.

En uno de los límites del Halos se encuentra también el Tesoro de los Corintios (o), que Heródoto atribuyó al tirano Cipselo, que vivió entre los años 614 y 585 a.C. Al acabar con el tirano, los corintios sustituyeron la inscripción votiva que conmemoraba el nombre de su antiguo líder por otra con el nombre de su ciudad. Es uno de los edificios más antiguos de Delfos. Queda a nuestra derecha según nos dirigimos hacia el templo de Apolo por la Vía Sagrada y también ha sido reproducido en el juego, así como el Tesoro de los Cireneos, que se encuentra a espaldas del de Corinto, ligeramente hacia el sur, próximo al muro de cierre del santuario (p). Se ha datado en el siglo VII a.C.  Antes de emprender la subida al templo de Apolo, nos encontramos a la derecha con el Tesoro de Acanto, del siglo V a.C., también reproducido por el equipo de Ubisoft (q).

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Ángulo noroeste del templo de Apolo, de orden dórico y tipo hexástilo períptero, tal y como aparece representado en el juego. En primer término aparece la fabulosa ofrenda de Policelo, a la que pertenecía la estatua de bronce del Auriga, hoy en el Museo Arqueológico. Captura de Pablo Aparicio Resco.

Llegamos, por fin, al centro neurálgico del santuario, el templo de Apolo (12 – r), de orden dórico, hexástilo y períptero, es decir, rodeado por seis por quince columnas que formaban dos pórticos que flanqueaban la cella. En un nivel inferior, al que se accedía por una rampa, se hospedaba el oráculo. Las fuentes nos hablan de una sala de espera en la que aguardaban los que iban a consultar el oráculo hasta que la pitia alcanzara el trance que le permitía transmitir el mensaje del dios. En las partes superiores se empleó piedra caliza de Corinto, no demasiado dura, estucada y pintada, con elementos decorativos en mármol, principalmente las tejas y las esculturas de los frontones. Hay que recordar que los restos del templo que contemplamos hoy en día corresponden al edificio construido entre 366 y 329 a.C., que sustituyó a otros dos anteriores, uno del siglo VII, que se incendió en el 548 a.C. y otro del VI, erigido entre los años 536 y 505 a.C. que, según la cronología del juego, es el que corresponde representar. De este templo sabemos que fue construido gracias a la gran aportación de los Alcmeónidas, que utilizaron para ello mármol de Paros y piedra porosa. En los frontones estaban representadas la Gigantomaquia, lucha de los dioses contra los gigantes, en el oeste y la epifanía de Apolo en su carro en el este. Un terremoto ocurrido en el año 373 a.C. destruyó esta magnífica obra y dio pie al actual.

Frente al templo, en el flanco sureste, se encontraba el Altar de Apolo (t), erigido por los habitantes de la isla de Quíos en el siglo V a.C. Una inscripción explicaba que los habitantes de Delfos concedían a los quiotas el derecho de promancia, es decir, tener prioridad en las consultas cuando había mucha afluencia de gentes. En el ángulo noroeste se encontraba la Ofrenda de Policelo, de la que formaba parte el famoso auriga de bronce que hoy podemos visitar en el Museo Arqueológico del sitio (s). La mayoría de monumentos que conocemos entre el templo de Apolo y el teatro se han datado en cronologías tardías, como la Ofrenda de Cráteros o el Pórtico de Átalo I, ya de época helenística, o la estatua de Emilio Paulo, del período romano. Sin embargo, la Palmera de los Atenienses (u), ofrenda de este pueblo tras su victoria sobre los persas en el río Eurimedonte en el año 467 a.C., se ha situado de forma acertada junto al pórtico oriental del templo, tal y como estaba originalmente.

De camino al teatro se observan algunos templetes. El situado más cerca de la ladera de la montaña, pegado al muro de contención, parece ser la Lesche de los Cnidios (v), creado entre los años 475-460 a.C. Se trata de un edificio rectangular, sostenido en su exterior por ocho columnas de madera con bases de piedra. Disponía de asientos de piedra, pues era lugar de reunión de los visitantes de Cnido. Los muros fueron decorados por el célebre Polígnoto de Tasos con escenas de la guerra de Troya y la Odisea. Alcanzamos, por fin, el teatro (13 – w), construido en el extremo noroccidental del santuario. Su lado occidental se apoyaba sobre el muro del recinto. Inicialmente, como casi todos los teatros griegos, debió ser una estructura de madera, reemplazada por una de piedra caliza del parnaso probablemente hacia el siglo IV a.C., así que lo que deberíamos ver en el juego es la primitiva estructura, parecida a la que se muestra en la imagen inferior, que corresponde a la recreación de la ciudad de Atenas, donde sí se ha optado por el teatro de madera. También echamos en falta la recreación del estadio, situada en la parte más alta del santuario, escenario de los famosos Juegos Píticos. Sin embargo, no se debe a un error, sino a que hasta el siglo IV a.C. se encontraba en el valle del río Pleistos, más abajo. Fue trasladado a su emplazamiento actual (14) entre finales del siglo IV y principios del III a.C.

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Teatro de madera en la ciudad de Atenas recreado en Odyssey. Captura de Pablo Aparicio Resco

El análisis de la recreación del santuario daría para mucho más, puesto que podríamos entrar en la magnífica ambientación, con ofrendas, trípodes, visitantes, los interiores de los templos, y en su decoración, como los fabulosos relieves del Tesoro de los Sifnios, o, incluso, abordar la geografía del lugar, que ha tenido que constreñirse por los requisitos del juego, ya que el mar está demasiado cerca del santuario. Echamos en falta, eso sí, construcciones importantes, como el recinto del santuario de Atenea Pronaia, muy próximo al de Apolo, al otro lado del camino, así como la fuente Castalia, cuya agua manaba de la garganta que conforman las Fredíades.

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Uno de los rincones del santuario, con ofrendas y trípodes. Captura de Pablo Aparicio Resco

Podemos concluir, por tanto, que la recreación llevada a cabo por el equipo de Ubisoft es muy meritoria, a pesar de los pequeños detalles cronológicos y de las ausencias que, a nuestro juicio, obedecen más a necesidades del juego que a una falta de documentación. Una buena oportunidad, por tanto, para que los más jóvenes se familiaricen con uno de los lugares más icónicos de la antigua Grecia y despertar su interés por profundizar en su más que atractiva historia.

Autor

Mario Agudo Villanueva

 

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