Cerca del Meneleo, en la localidad de Terapne, los Dioscuros tenían su propio templo. Los llamados “hijos de Zeus”, eran hermanos de Helena. Según el mito, Tindáreo reinaba en Esparta con su bella esposa Leda. Zeus se enamoró de ella y para conseguir su amor se metamorfoseó en cisne. Ese mismo día Tindáreo se unió también a su esposa, de modo que Leda puso un huevo que contenía dos parejas: por un lado Cástor y Clitemnestra (que serían hijos de Tindáreo) y por otro Pólux y Helena (que serían hijos de Zeus). En el siglo II d.C. los espartanos enseñaban a los viajeros, dentro del templo de Hilaíra y Febe, un gran huevo adornado con cintas asegurando sin rubor que era el que había puesto Leda.

Los espartanos enseñaban a los viajeros, dentro del templo de Hilaíra y Febe, un gran huevo adornado con cintas asegurando sin rubor que era el que había puesto Leda.

Cástor y Pólux son inseparables en sus aventuras. La primera les llevó a rescatar a su hermana Helena cuando, todavía impúber, fue raptada por Teseo que sentía el ambicioso deseo de tener como esposa a una hija de Zeus. Ambos participan más tarde en la expedición de Jasón en busca del vellocino de oro y se convierten en marineros de la nave Argo, donde destaca Cástor por su habilidad en el pugilato. Luego participan en la cacería del jabalí de Calidón, otra gran empresa que había reunido a los mejores héroes griegos del momento. En su última aventura se enfrentan a sus primos Idas y Linceo, ya fuera por haber raptado a sus novias el día de la boda, ya fuera por haber disputado por el reparto de un botín. El caso es que Idas mata a Cástor (que era mortal como hijo de Tindáreo), mientras Pólux hace lo propio con Linceo. Cuando Idas deja malherido a Pólux, Zeus interviene y fulmina con su rayo a Idas y se lleva consigo al mundo de los dioses a Pólux. Como éste no quería separarse de su hermano, cedió la mitad de su inmortalidad y, en virtud de esa solución de compromiso, ambos están un día en el cielo y otro en el Hades (en otras versiones, los hermanos nunca podían encontrarse, pues cuando uno estaba en el cielo, el otro se encontraba en el Hades). El poeta Píndaro (siglo V) relaciona directamente a los dos hermanos que habían compartido la inmortalidad con la localidad de Terapne:

Cambiando su condición pasan alternativamente un día junto a su padre Zeus y el otro bajo tierra en las oquedades de Terapne, cumpliendo un destino semejante.

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Ruinas del teatro de Esparta. Foto: Wikimedia Commons

Los hermanos se relacionaban con el mundo de la milicia y en particular eran patronos de los jinetes (se les representaba como jinetes sobre caballos blancos). Por este carácter militar y su mismo origen, los Dioscuros eran divinidades muy queridas por los espartanos cuyo juramento preferido, “Por los dos dioses”, se refería precisamente a ellos. Unas estatuas de los dos hermanos acompañaban al ejército espartano en campaña; estas estatuas eran especialmente primitivas, pues consistían en dos vigas verticales de madera unidas por travesaños transversales; cada una de estas vigas representaba a uno de los hermanos. Según Plutarco, que nos explica su forma, el conjunto recibía el nombre de dókana, pues la palabra dokós significa precisamente “viga”. Hay una representación en un relieve encontrado en Laconia y hoy depositado en el Museo de Esparta. Los reyes espartanos, en tanto que descendientes ellos mismos de gemelos, se habían identificado estrechamente con los Dioscuros; por eso, cuando los espartanos decidieron en el 506 que no podían salir los dos reyes juntos en la misma campaña, desde ese momento iba al frente del ejército una sola viga, la otra quedaba en Esparta con el otro rey.

Los reyes espartanos, en tanto que descendientes ellos mismos de gemelos, se habían identificado estrechamente con los Dioscuros.

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Busto de un hoplita espartano. Museo de Esparta. Foto: Wikimedia Commons

Los espartanos creían que estos dioses, protectores de Esparta, se aparecían en las batallas y dejaban señales de su favorable presencia. Así pasó en el 467 cuando el rey Arquidamo infundió valor a sus hombres al asegurar que había advertido huellas de sus caballos y de sus armas. A partir de esa época los Dioscuros se convierten especialmente en protectores de los combates navales y están asociados con la imagen de estrellas. Precisamente en versiones tardías del mito se decía que Zeus había catasterizado a los hermanos que se habían convertido en la constelación Gemini, donde las dos estrellas más brillantes que se sitúan una frente a la otra reciben sus nombres.

Javier Murcia Ortuño

Reseña

Este breve artículo que nos ha cedido Javier Murcia Ortuño es un resumen de uno de los capítulos de su libro Esparta (Alianza Editorial, 2017). Se trata LB00383301de una de las obras más completas publicadas sobre esta polis griega en los últimos tiempos, al menos en lengua castellana. A lo largo de sus páginas se analizan prácticamente todos los aspectos de su historia antigua: la conquista de Laconia y Mesenia, su sistema político, los festivales religiosos y sus dioses,  la educación y la sociedad y el papel de la mujer espartana. Como es lógico, también se profundiza en su historia política en el contexto de la antigua Grecia, por lo que la mayor parte del libro está dedicado al protagonismo de Esparta en las Guerras Médicas y las del Peloponeso, en cuyo tratamiento el autor expone una visión crítica y bien documentada. Finaliza el ensayo con un análisis de las causas de la pérdida de su hegemonía y una parte final dedicada a su pervivencia en el mundo helenístico.

Mario Agudo Villanueva