Todo contacto entre sociedades de origen distinto lleva parejo un espacio donde convergen similitudes y diferencias que empiezan a diluirse en una sociedad resultante muy rica en influencias. Dentro de estos contactos, las ideas y las creencias son las de más fácil implantación y de profundizar en el otro. Así pues, los dioses y las creencias sobrenaturales migrarán de unos a otros adoptando diversas formas y acogiendo nuevas virtudes y símbolos propios del área donde se enmarcan. Un ejemplo de ello lo tenemos en la Diosa de Galera, una figura que aglutina influencias de oriente con la funcionalidad en los rituales iberos.

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Alzado y sección del túmulo de Tutugi

Tutugi, situado en la altiplanicie granadina, a mitad del camino que une Basti (Baza) con Cartagena (Cartago), es uno de los yacimientos mejor estudiados de la zona y con una secuencia cronológica desde el Bronce hasta la etapa musulmana. El conjunto arqueológico en sí está compuesto por el oppidum de Cerro del Real y la necrópolis de Tutugi, siendo esta la de más superficie de la Península. Son más de 130 tumbas de grandes dimensiones -situadas bajo túmulos-, de planta rectangular con una urna excavada en el suelo para contener los restos funerarios. La necrópolis se distribuye por tres núcleos cercanos al poblado, en la margen derecha del río Orce. Desgraciadamente, a comienzos del siglo XX muchas de las tumbas fueron expoliadas, por lo que se perdieron numerosos restos.

La necrópolis de Tutugi es la de más superficie de la Península, con más de 130 tumbas de grandes dimensiones

A nivel cronológico, la necrópolis llega a su apogeo en los siglos IV-III a.n.e. teniendo algunas evidencias del siglo VI y V a.n.e. Cabe destacar el Túmulo 20, situado en el centro de la zona I, en la parte alta junto al camino que atraviesa la necrópolis, en una de las zonas con mayor aglomeración de túmulos. La importancia del túmulo no sólo estriba en las dimensiones y su posición, sino en la recuperación de la diosa de galera en su interior (RODRÍGUEZ et al., 2008).

La cámara funeraria y el corredor se encuentran excavados en la base geológica. La cámara presenta una forma rectangular con unas dimensiones de 5 m en su eje norte-sur y un poco más de 3 m en su eje este-oeste. En una de las esquinas de este espacio, se observan restos de suelo formado por yeso pintado de rojo. En el centro de la misma, se documentó un pilar de adobe de unas dimensiones de 1 m de planta con una altura conservada de 1.35 m. Este pilar tendría una función de sujeción de la techumbre de la cámara. Mientras el corredor, situado al oeste de la cámara, tiene unas dimensiones de casi 6 m de largo por menos de 1 m de ancho, y con un desnivel hacia la cámara de 14 cm. La unión del corredor con la cámara se solventa con un escalón de piedra (RODRÍGUEZ et al., 2008). Sin embargo, y de forma inédita en el área de la que hablamos, el túmulo 20 tiene otra fase, que podríamos definir de remodelación.

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Vista cenital del túmulo 20 de la necrópolis de Tutugi

En la segunda fase el espacio mantiene la orientación y dimensiones de la cámara y corredor. Sin embargo, sufre algunas remodelaciones como la construcción de un suelo de yeso y la colocación de uno de tierra con bastante grava y piedras que rellena la cámara hasta su parte superior. Sobre este relleno, se colocan losas de piedra que sirven de cimentación para un muro de adobe que compartimenta el espacio de la cámara. En el corredor, se lleva a cabo la misma acción: se rellena hasta la cota superior y se construye una serie de muros de adobe (RODRÍGUEZ et al., 2008).

Además de ser dos fases bien diferenciadas en tipología y construcción, tienen una diferencia aún mayor: su funcionalidad. En un primer momento, la utilización del espacio vendría indicada por una cámara funeraria de grandes dimensiones con pasillo de acceso, que posiblemente fuese cubierta a modo de túmulo. La segunda fase, estaría marcada por un cambio en el rol del espacio funerario para convertirse en un área de ritual (RODRÍGUEZ et al., 2008).

La tumba del individuo enterrado en el túmulo 20, donde fue encontrada la Diosa de Galera, es el eje vertebrador de toda la necrópolis y debió de tener un carácter simbólico para la sociedad en la que se enmarca

Esta transformación tiene su razón de ser en el propio individuo enterrado en el túmulo 20. Era un personaje de rango aristocrático o sacerdotal, que es enterrado con su ajuar, que a su vez muestra el papel de este en vida (OLMOS, 2004). Por tanto, esta tumba desde un primer momento se convierte en el eje vertebrador de toda la necrópolis, lo que le otorga un aspecto más simbólico para la sociedad en la que se enmarca. Hay un momento determinado, tras la deposición de los restos del individuo, en el cuál el carácter funerario desaparece y la estructura se reorganiza para crear un área ritual dentro de la necrópolis (RUIZ et al., 1991; RODRÍGUEZ et al., 2008). Y es en este momento cuando aparece la figura de la Diosa de Galera, envuelta en un nuevo halo de sacralidad y una funcionalidad propia.

La Diosa de Galera (también llamada Dama de Galera) es una estatuilla de dimensiones reducidas -unos 18,5 cm de alto- realizada en alabastro. Fue descubierta en 1916. Se considera uno de los mejores ejemplos del arte fenicio, aunque su estudio tiene todavía algunas lagunas por resolver. Las primeras son la cronología y su origen, algunos autores la han datado en el siglo VIII a.n.e., en pleno período de esplendor de los reinos siriohititas y la atribuyen a un taller sirio-fenicio situado en la coste norte de Siria (ALMAGRO, 2009).

En el interior de la primera cámara debió aparecer la escultura de la Diosa de Galera junto con un rico ajuar ibérico formado por cuatro urnas semejantes, aunque de distinto tamaño, que estaban repintadas de color rojo uniforme y cubiertas por platos a modo de tapadera. La tapa de la urna mayor, que correspondería al titular de la tumba, quedaba rematada en una granada. (CABRÉ y MOTOS, 1920; ALMAGRO, 2009). También aparecieron otros dos platos, que todavía conservan restos de una especie de enyesado en su superficie, decorados con líneas (PEREIRA et al., 2004). Igualmente, se recuperó un kýlix ático, tres anforitas de pasta vítrea de color verde y amarillo sobre azul oscuro y una palmeta de bronce, inicialmente considerada de un oinóchoe (ALMAGRO, 2009).

El mayor interés de la Diosa de Galera es su significado y función dentro de la sociedad ibera. Si observamos la figurita, la diosa sostiene en sus manos, bajo su regazo, un cuenco poco profundo y grande con asas laterales de sección tubular. Acompañan a la figura principal dos animales mitológicos, posiblemente esfinges. La figura de la diosa, enmarcada por elementos de vestimenta y joyas propias del Mediterráneo en esta cronología, tiene dos oquedades en el pecho por las cuáles saldría líquido, posiblemente aceite que se depositaría en el cuenco que sostiene. Esta iconografía viene marcada de forma determinante por su origen siriofenicio (ALMAGRO, 2009).

La función de esta figurilla sería la de contener el líquido, aceite o perfume, que sirviera para ungir al príncipe, adoptando así un ritual proveniente del este, y que por el siglo VIII-VII a.n.e estaban muy arraigados en las sociedades mediterráneas, cuyas raíces de uso se adentran en el imaginario legendario del pueblo fenicio, donde los gobernantes debían legitimar su poder a través de la unción como semidioses.

Por tanto, no podemos obviar que parte del desarrollo de la sociedad ibera clásica tiene su herencia en los contactos que realizan con los pueblos del mar, que no sólo les traen riquezas o elementos de prestigio, sino que abren una puerta a la creación de la identidad social a través de las ideas o creencias. Y no sólo se adoptan, sino que evolucionan para acomodarse mejor al pensamiento de la nueva sociedad.

Bibliografía
ALMAGRO, M. (2009): “La Diosa de Galera, fuente de aceite perfumado.” En Archivo Español de Arqueología, 82. CSIC, páginas, 7-30.
CABRÉ, J. y MOTOS, F. (1920): La necrópolis ibérica de Tútugi. Memoria de la Junta Superior de Excavaciones y Anitigüedades, 25. Madrid.
OLMOS, R. (2004): “La Dama de Galera (Granada): la apropiación sacerdotal de un modelo divino”. En PEREIRA, J. y otros (eds.): La Necrópolis ibérica de Galera (Granada). La colección del Museo Arqueológico Nacional. Ministerio de Cultura. Madrid: 213-237.
PEREIRA, J.; CHAPA, T.; MADRIGAL, A.; URIARTE, A. y MAYORAL, V. (2004): La Necrópolis ibérica de Galera (Granada). La colección del Museo Arqueológico Nacional. Ministerio de Cultura. Madrid.
RODRÍGUEZ, M.O.; GÓMEZ, F. Y MONTES, E. (2008): ” El túmulo 20 de la necrópolis de Tútugi (Galera, Granada).” En Trabajos de Prehistoria, 65. Páginas, 169-180.
RUIZ, A.; RÍSQUEZ, C. y HORNOS, F. (1991): “Las necrópolis ibéricas en la Alta Andalucía”. Universidad autónoma de Madrid. Varia 1. Congreso de Arqueología Ibérica: Las necrópolis: 397-430.

Autor

Manu Torres, arqueólogo y gerente del Centro de Interpretación de las Tumbas Principescas de Toya y Hornos.

Capítulo 1 – El Valle de la Muerte: cuando la muerte habla de vida

Capítulo 2 – Cámara de Toya. El esplendor de la cultura ibérica

Capítulo 3 – Castellones de Ceal. Colonizados y colonizadores