Dos historias, dos narradores, dos escenarios muy lejanos en el tiempo y en el espacio y, pese a todo, una única tradición acerca de unas mujeres que gustaban de hacer el amor y la guerra. La primera leyenda nos llega de fuera del mundo griego clásico, concretamente de las costas septentrionales del mar Negro, la región del Cáucaso, poblada por los descendientes de los nómadas de las estepas escitas. La otra narración se originó dentro del mundo griego antiguo, en el marco de los poemas épicos relacionados con la legendaria Guerra de Troya. En ambas tradiciones los papeles de hombres y mujeres se han revertido, pero las dos historias resuenan de forma llamativa: comparten personajes similares, dramáticas situaciones bélicas, emociones análogas y temas trágicos, e incluso en las dos aparece la palabra “amazona”. He aquí el primer relato:

“Hace mucho tiempo, la tierra resonaba bajo el estruendo de los cascos de los caballos. En aquella época tan lejana, las mujeres ensillaban sus propias monturas, aferraban sus lanzas y cabalgaban junto con sus compañeros varones para presentar batalla al enemigo en las estepas. Las mujeres de aquel tiempo podían atravesar el corazón de sus oponentes con sus rápidas y agudas espadas, pero también podían confortar a sus compañeros y albergar un gran amor en su pecho […]. Tras la frenética batalla, la reina Amezán se inclinó en su silla y descubrió con horror que el guerrero al que había dado muerte no era otro que su amado. Un grito desgarrador brotó de su garganta: ¡Mi sol se ha puesto para siempre!”. Tradición Caucásica, Las sagas Nart, 26. 

El segundo relato es el siguiente:

“Aquiles retiró el brillante casco de la exánime reina de las amazonas. Pentesilea había combatido como un furioso leopardo durante su duelo frente a Troya. El polvo y la sangre no habían afeado su valor y su belleza. El corazón de Aquiles se agitaba de remordimientos y deseo […]. Todos los griegos que permanecían en el campo de batalla se arremolinaron en derredor, maravillados, deseando con todo su corazón que sus esposas, allá en sus lejanos hogares, pudieran ser como ella”. Quinto de Esmirna, La caída de Troya. 

Las dos leyendas parafraseadas (una proveniente de Escitia, la otra de la propia Grecia) evocan mujeres cuyas habilidades marciales resultaban equiparables a las de los varones. Sus hazañas heroicas son imaginarias, pero su carácter y acciones derivan de una fuente histórica común: las culturas guerreras de las estepas, en las que los jinetes de ambos sexos disfrutaban de una paridad inimaginable para los antiguos helenos.

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Teseo y Antíope. Metopa de la Casa del Tesoro, Atenas. Foto: Wikimedia Commons.

El mito y la realidad se confundieron en el imaginario griego y, a medida que fueron conociéndose nuevos detalles sobre la cultura escita, las mujeres escitas comenzaron a identificarse explícitamente como “amazonas”. En la actualidad, los descubrimientos arqueológicos y lingüísticos iluminan para nosotros el trasfondo histórico que se esconde tras los mitos griegos sobre las amazonas. Ahora bien, en realidad estas nuevas evidencias arqueológicas no hacen sino situarnos por fin en igualdad de condiciones respecto de los propios griegos. Las amazonas de la mitología y las independientes mujeres escitas estaban ya profundamente entrelazadas en el pensamiento griego más de dos mil quinientos años antes de que los arqueólogos y clasicistas modernos comenzáramos a darnos cuenta de que estas guerreras existieron realmente y de que influyeron, por su mera existencia, en las tradiciones griegas.

Adrienne Mayor

Reseña

La presencia de las amazonas en el arte, la literatura y los mitos griegos es muy fecunda. Un pequeño repaso por el universo cultural heleno nos permite identificar un gran número de historias en las que estas mujeres guerreras aparecen como protagonistas: la lucha de Heracles contra Hipólita para arrebatarle su cinturón, el matrimonio de Antíope y Teseo, la épica Amazonomaquia, la mencionada escena de Aquiles y Pentesilea, las misteriosas islas amazónicas, el encuentro entre Talestris y Alejandro Magno, el idilio de Hipsicratea y Mitridates VI o la trágica trayectoria de la abandonada Atalanta, que participó en la enorme epopeya de la caza del jabalí de Calidón, son algunos ejemplos.

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Portada

Tal grado de fijación puede deberse al impacto que sobre la mentalidad griega tendría la imagen de estas mujeres, antítesis del rol social que ellos atribuían al género femenino. Quizás por esta razón se rodearan de una aura mítica, que les negaba su carácter real y que las situaba en el terreno de la referencia simbólica, como una manifestación más del mundo salvaje e indómito, amenazante, pero al mismo tiempo cautivador, que rodeaba al universo civilizado. Siguiendo a Elíade podríamos decir que su historia pasó de ser una “historia verdadera” a una fábula que estaría dentro de las “historias falsas” (1).

El trabajo de Adrienne Mayor, investigadora de la Stanford UniversityAmazonas: guerreras del mundo antiguo (Desperta Ferro, 2017), es una extraordinaria exploración de la figura histórica de estas mujeres. Un viaje cautivador a las fuentes históricas y arqueológicas a través de las que las amazonas son devueltas de ese universo mítico al que habían sido relegadas para recuperar su papel histórico. Estamos ante un ensayo sólidamente documentado, que recorre diferentes aspectos relacionados con estas mujeres, desde su contextualización geográfica e histórica, hasta su modo de vida, pasando por el análisis de las evidencias arqueológicas, iconográficas y literarias que nos han quedado hasta nuestros días. Un recorrido evocador por un mundo realmente apasionante que la autora nos descubre con un lenguaje asequible, pero riguroso, que nos permite conocer con toda profundidad el papel de estas mujeres guerreras.

Notas

ELÍADE, M. (1963:2000): “Aspectos del mito”, Paidós Orientalia, Barcelona, pp. 19-20.

Autor

Mario Agudo Villanueva