El próximo sábado 29 de octubre se celebra Arqueonet, el I Encuentro de Marketing Digital para la divulgación del patrimonio, que tendrá lugar en el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid. Se trata de una iniciativa realmente innovadora que resultará de gran utilidad para todos los profesionales que quieran participar en la aventura de intervenir en la divulgación del patrimonio histórico.

Vivimos un momento de cambio que es clave y que nos ofrece una gran cantidad de posibilidades de divulgación. Se requieren nuevos perfiles profesionales y un trabajo interdisciplinar de gran envergadura. Desde comienzos del siglo XXI, las redes sociales han revolucionado el paradigma de la comunicación. Muchos se han subido a este tren, que comienza a abandonar la estación de partida, pero antes de coger el billete es importante saber a dónde vamos.

Hacia una propuesta de valor en divulgación

Dice la Real Academia de la Lengua Española que divulgar es “publicar, extender, poner al alcance del público algo”. Habitualmente pensamos de forma prácticamente irreflexiva que para hacerlo, es necesario rebajar el tono. Pero volviendo a la Academia, lo que estamos haciendo si seguimos esta tendencia es vulgarizar, es decir, “exponer una ciencia, o una materia técnica cualquiera, en forma fácilmente asequible al vulgo”. En una entrevista que pude realizar a Mary Beard, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016, me decía claramente: “odio a quien rebaja el tono para los lectores, como si fueran estúpidos”.

Es evidente que no puede ser igual el lenguaje académico o profesional y el lenguaje de la divulgación, así como los recursos que utilizamos para ello, pero lo que no es admisible -si pretendemos hacer una propuesta de valor en divulgación- es caer en el error de tratar de darle toda la información mascada al lector, porque entonces corremos el serio riesgo de producir el efecto contrario y caer en el farragoso terreno de la vulgaridad, volviendo de nuevo a la Academia: “que no tiene especialidad particular en su línea”.

Hace un año, analizábamos la gran repercusión que había tenido una tesis doctoral titulada La Gran Pirámide, la clave secreta del pasado, del profesor Miguel Pérez Sánchez-Pla. Los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia con titulares como “La Gran Pirámide de Keops, clave para una nueva teoría de la civilización” (Europa Press), “Descifran los enigmas de la Gran Pirámide de Keops” (ABC) o “Un arquitecto desentraña los enigmas de la Gran Pirámide de Keops” (Ecodiario) o, incluso, “La pirámide de Keops estaba coronada por una esfera de dos metros, según un arquitecto” (La Voz de Galicia). La información saltó a las Redes Sociales, donde se propagó como la espuma, especialmente en comunidades relacionadas con la arqueología y el Antiguo Egipto.

Poca gente se percató de que esta tesis fue leída en 2008 en la Universitat Politécnica de Catalunya, y ya tuvo su eco en los medios de comunicación hace unos años. Sin ir mas lejos, en mayo de 2012 encontramos una crítica absolutamente contundente del egiptólogo José Miguel Parra con el título “Gilipolleces piramidales”, en la que se refutan punto por punto las arriesgadas tesis del arquitecto barcelonés. Este tipo de noticias nos recuerda a otras, como las que apuntaban al descubrimiento de nuevas pirámides a través de Google Earth (“Descubren dos nuevas pirámides a través de Google Earth” – 20 Minutos), también criticada por el propio Parra en otro artículo demoledor “Apostilla a las pirámides de Google“; al hallazgo de las famosas pirámides bosnias (“La pirámide de Bosnia tendría 25.000 años de antigüedad” – NTD) o la infatigable búsqueda de la Atlántida (“National Geographic sitúa la Atlántida bajo las marismas de Doñana” – ABC).

No se trata de refutar este tipo de teorías, sino de analizar la causa por la que los medios presentan como nuevo y definitivo algo que es una simple tesis doctoral, en el mejor de los casos, que además no es nueva y que algunos de ellos ya publicaron en el pasado. Las informaciones que hemos mencionado en el caso de Sánchez Pla se dedican a sintetizar la comparecencia del arquitecto, exponer sus planteamientos sin espíritu crítico y destacarlos con un titular excesivamente concluyente y, cuando menos, discutible. No hacen más que de correa de transmisión de la noticia original de agencias, práctica habitual en la profesión periodística en la actualidad. Pero vamos por partes.

Lo primero que llama la atención es la rotundidad del titular, que plantea como definitiva una hipótesis, que además no tiene mucho respaldo en el ámbito académico especializado. En ninguna de las noticias aparece un testimonio de contrapunto, que permita contextualizar o plantear otro punto de vista diferente sobre algo que es, cuando menos, arriesgado, pero que se plantea en términos absolutos. Solamente Ecodiario señala que la tesis se presentó en 2008, pero si es así ¿por qué siguen titulando como si fuera reciente? A todo ello hay que sumar la velocidad con la que se propagó en las Redes Sociales, que sirvieron como correa de transmisión de la noticia y colocaron el tema como uno de los más comentados de la semana en este ámbito, acabando por sentenciar la cuestión.

Estamos, por tanto, ante un panorama en el que se prima el titular por encima del contenido, en el que el rigor se diluye ante los focos del espectáculo (otro ejemplo: “Hallan la villa del general romano Mesala, el enemigo de Ben Hur” – El Mundo). La rapidez con la que se suceden las noticias y la falta de espíritu crítico con que se consumen hacen que un tema que ya ocupó espacio en los medios de comunicación en 2010 y 2012, vuelva a aparecer de nuevo como algo novedoso solo por el hecho de que se presenta el libro resumen de la tesis, a pesar de que los planteamientos allí expuestos han sido seriamente discutidos por la comunidad científica. El resultado es una divulgación de ínfima calidad, que proyecta una imagen deficiente de lo que significa la investigación rigurosa y contribuye a transmitir un modelo estereotipado de profesiones como la arqueología, que aparece asociada con frecuencia a la aventura y al misterio (nuevo ejemplo – “¿Ha encontrado Manuel la Atlántida?” – El Mundo).

Todo ello pone de manifiesto dos problemas importantes en el panorama actual: la falta de rigor periodístico en el tratamiento de la información especializada y la superficialidad con la que se consumen las informaciones en las Redes Sociales, que son el tablero en el que se devoran las noticias aparecidas en los medios y el foro en el que se genera la opinión pública de una manera más evidente, con el perjuicio que ello supone dados los precedentes que hemos explicado. Las Redes Sociales no son más que el boca a boca por escrito, reflejo de lo que hay en la sociedad hoy por hoy. Son, por tanto, un universo absolutamente apasionante, que tenemos la obligación de explorar para propiciar un modelo de divulgación diferente al actual.

A la hora de plantearnos cómo enfocar nuestra estrategia divulgativa tenemos que tener en cuenta algunas premisas, que pueden deducirse de este caso práctico. En primer lugar, que las noticias que se emiten en los medios de comunicación tienen un equivalente económico, por el cual se sacrifica rigurosidad por audiencia y que conducen a este tipo de titulares-reclamo. En segundo lugar, que el profesional de la información se dedica, en la mayoría de los casos, a rebotar noticias sin contrastarlas sobre la base de una mínima o inexistente reflexión crítica, en ocasiones arrastrado por la falta de tiempo, pero en otras por la falta de especialización (así se dan las famosas noticias recurrentes, como la de los mosaicos de Zeugma, descubiertos más de una vez). En tercer lugar, que una vez que la noticia está en la agenda, las Redes Sociales la consumen de forma voraz y superficial, provocando un impacto mucho mayor de lo que estábamos acostumbrados hasta ahora. La consecuencia final de todo este proceso es la pérdida de calidad de la información, la proyección de una imagen distorsionada de lo que es la arqueología y una banalidad preocupante en el tratamiento de los temas y en la posterior generación de opinión sobre ellos (ejemplo: “Julio César tenía una jirafa de mascota y usaba perros para luchar en sus legiones” – ABC o “Aristóteles, el filósofo que creó a Alejandro Magno para vengarse de los griegos” – ABC).

Las nuevas tecnologías han contribuido a profundizar este abismo, pues han puesto sobre la mesa una revolución en la manera de comunicarnos con los demás. Han iniciado un proceso de ruptura en el flujo de comunicación habitual, en el que se diluyen las figuras de emisor y receptor. Pero además han ampliado exponencialmente la cantidad de información que nos llega a diario y la velocidad con la que desfila ante nuestros ojos. Vivimos sumergidos en la sociedad de la información, que tiene dos características básicas: la infoxicación – entendida como exceso de información- y la superficialidad –la información se convierte en un bien de usar y tirar.

Esta situación, que puede parecer negativa, constituye una oportunidad importante tanto para el periodista especializado que quiera romper esta perniciosa dinámica como para el profesional que quiera realizar una propuesta divulgativa de valor, puesto que cualquier persona que tenga interés y conocimiento suficiente sobre un determinado tema, puede lanzarse a la aventura de darla a conocer con unas importantes perspectivas de éxito si es capaz de manejarse con acierto en las procelosas aguas de las Redes Sociales. Para ello están las herramientas que nos ayudan en todo el proceso comunicativo y cuyo conocimiento se antoja fundamental: manejo de fuentes, producción de contenidos y medición de los efectos.

Solo a través de un esfuerzo combinado en el que se mezclen la especialización temática, la rigurosidad y el manejo de herramientas de comunicación que permitan proyectar nuestro mensaje en las Redes Sociales podremos plantear un modelo de divulgación alternativo al modelo de consumo masivo de información que ha venido dominando el panorama de la divulgación hasta ahora.

Autor

Mario Agudo Villanueva