El estudio de la geografía en la antigüedad es una de las disciplinas más apasionantes e importantes de la ciencia histórica, puesto que nos permite situar los acontecimientos en un contexto adecuado. La ardua tarea de historiadores y geógrafos como Heródoto, Estrabón, Plinio o Arriano de Nicomedia nos aporta una información indispensable para poder comprender no solo el testimonio de las fuentes, sino también los restos materiales que salen a la luz gracias a la arqueología. Nos hemos querido acercar a esta disciplina de la mano de uno de los mayores especialistas en la materia, Manuel Albaladejo Vivero, profesor de la Universidad de Valencia.

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Estrabón. Grabado del siglo XVI. Foto: Wikimedia Commons

Pregunta – El estudio de la geografía va más allá de ubicar en el mapa las ciudades que en la Antigüedad tenían otros nombres. Se puede trabajar en geografía económica, demográfica… ¿cuáles son los enfoques desde los que se aborda en la actualidad esta disciplina?

Respuesta – Afortunadamente, los estudios dedicados a la geografía antigua están viviendo un momento de auge a través de diversos grupos de investigación creados en varias universidades europeas. Por su propia naturaleza, la geografía histórica de la antigüedad es un gran cajón de sastre donde tienen cabida diversos campos de estudio y, por eso mismo, los enfoques con que se aborda también son diferentes. Sin embargo, yo destacaría el elemento común, que está en la base de todas esas investigaciones: el método de análisis histórico-filológico. Es necesario analizar los textos literarios (en sentido amplio) que han llegado hasta nosotros procedentes del pasado grecorromano, a fin de extraer toda la información posible y proceder a su análisis mediante la crítica. A esto añadiría la importancia que han cobrado durante los últimos años los estudios dedicados a la cartografía y a la geografía matemática en la antigüedad, que requieren de una mayor especialización debido a la necesidad de recurrir a métodos matemáticos (trigonometría, cálculo, logaritmos, etc.)

Pregunta – La geografía antigua es un instrumento para el estudio de la historia, pero también un fin en sí misma ¿cuáles son los retos a los que se enfrenta la disciplina en la actualidad?

Respuesta – Uno de los principales debería ser la capacidad de ampliar el terreno (siempre imprescindible, insisto) del estudio y análisis de las fuentes clásicas. La época del positivismo científico aplicado a la Historia ya terminó hace mucho tiempo y se hace necesario aplicar los métodos y técnicas procedentes de otras ciencias que no son las estrictamente humanísticas. Como siempre, se hace patente la necesidad de la interdisciplinariedad tanto en esta como en otras ramas del saber.

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Mapa de la cosmografía de Rávena. Foto: Wikimedia Commons

Pregunta – Muchas de las referencias geográficas que nos encontramos son mitológicas ¿Hasta qué punto deben ir de la mano el estudio de la geografía y la mitología?

Respuesta – La mitología, al igual que los demás tipos de relatos conservados en la literatura grecorromana, debe ser analizada según los patrones del método histórico-filológico que he mencionado antes. Posiblemente sea uno de los aspectos más interesantes de la geografía antigua ese afán de la mitología por aclarar y explicar el espacio geográfico donde tienen lugar las aventuras de sus principales personajes: Heracles, Aquiles, Odiseo, Perseo y tantos otros. Es un aspecto muy interesante vinculado a la racionalidad de la cultura griega: el mito se desarrolla a menudo en un tiempo ancestral, del que se ha perdido toda noción, pero sus escenarios suelen ser reconocibles e incluso a veces son descritos de manera pormenorizada.

Pregunta – ¿En qué momento comienza a haber una preocupación científica por la geografía antigua?

Respuesta – Podría decirse que desde el inicio de los estudios modernos de carácter científico sobre la antigüedad clásica. En el siglo XIX ya se observa una preocupación, sobre todo por parte de investigadores alemanes, por establecer las bases de un conocimiento racional de la geografía histórica, que prácticamente fue de la mano con el interés por analizar los testimonios más antiguos de la historiografía griega.

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Fragmento del Papiro de Artemidoro. Foto: Wikimedia Commons

Pregunta – ¿Cuáles son las fuentes más destacadas para el estudio de la geografía antigua?

Respuesta – Sobre todo, pero no de manera exclusiva, las obras de los principales historiadores y geógrafos (no había una diferencia clara entre ambos campos de estudio) de la antigüedad, como Heródoto, Polibio, Estrabón, Plinio el Viejo, Arriano de Nicomedia, Ptolomeo y Amiano Marcelino. Además, hay que contar con aquellos papiros que contienen información geográfica (como el famoso y polémico Papiro de Artemidoro) y, por supuesto, hay que añadir los itinerarios (la Cosmografía de Ravenna y el de Antonino) y los vestigios de mapas antiguos. En este sentido, destacaría la Tabula Peutingeriana, una copia del siglo XIII que muestra las calzadas romanas y que, según diversos especialistas, remontaría al siglo IV. Se sabe de la existencia de mapas en la antigüedad, aunque ninguno de ellos ha llegado en su forma original hasta nuestros días.

Autor

Mario Agudo Villanueva