Océano: entre la amenaza y la oportunidad

Entender el mundo griego sin contar con el decisivo papel del mar es una tarea destinada al fracaso. Su vínculo llega a tal extremo que algunos autores, como Claude Mossé, han sugerido la relación existente entre el nacimiento de la democracia ateniense y la creciente importancia que los remeros iban tomando en la vida de la ciudad como consecuencia de las continuas contiendas marítimas de la Guerra del Peloponeso, asunto que ya hemos tratado en esta web.

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Fresco de Akrotiri en el que se representa la conexión comercial de varias ciudades a través del mar. Foto: Wikimedia Commons.

Sin embargo, para comprender la honda repercusión del mar en la vida de los griegos nos debemos remontar a sus más remotos orígenes. Dos de las epopeyas míticas más importantes del panorama cultural heleno, la guerra de Troya y la expedición de Jasón y los argonautas, tienen un componente marino fundamental. En ambas, los esforzados héroes deben combatir con  los riesgos que supone hacerse a la navegación. Un temor tan evidente como que desde tiempos arcaicos todos los marineros que recorrían las rutas hacia el norte del Egeo, pasaban por el santuario de los Grandes Dioses de Samotracia para que les asistieran en su arriesgado periplo. Entre ellos, el mismo Jasón, tal y como nos cuentan las versiones conservadas de esta fenomenal aventura.

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Un despliegue del interior del libro. Los mapas no tienen una orientación norte-sur, como es habitual, sino este-oeste, como debían guiarse en la Antigüedad por el mayor peso del atardecer sobre el polo norte geográfico. Fuente: Desperta Ferro.

En efecto, el mar no es un medio amistoso. Ni mucho menos. No hay más que navegar por las páginas de la Odisea para darse cuenta de que el peligro acecha en cada costa, en cada isla, en cada ola, en cada temporal. El mar de la épica griega, como señala Tesson en su deliciosa obra “Un verano con Homero” (Taurus, 2019), es “tempestuoso”. Su cólera, afirma el viajero francés, “se ejerce sin preámbulos”, “sin avisar”. En la psique antigua la tempestad se traduce en la “ira de un dios ultrajado”. Para salir airoso de semejante lance el hombre tiene que poner en juego sus mejores virtudes: el tesón, la constancia, la mirada de largo alcance y el ingenio.

Pese a los peligros, el hombre ha sentido la necesidad de hacerse a la mar desde tiempos remotos. Poco a poco fue familiarizándose con ese medio hostil. Desde el respeto, se aventuró en rutas que primero le llevaron a poblar islas cercanas a la costa para luego adentrarse en largos peregrinajes acuáticos en busca de nuevos mundos y fuentes de riqueza. De esta peripecia trata la magnífica edición de “Océano. Una historia de conectividad entre el Mediterráneo y el Atlántico desde la prehistoria al siglo XVI”, obra de Barry Cunliffe editada por Desperta Ferro.

La aventura marina ha supuesto un acicate decisivo para el ser humano. Como señala el propio Cunliffe “ha espoleado su desarrollo tecnológico y ha permitido al hombre aprovechar el poder de los vientos y las corrientes; ha estimulado el pensamiento abstracto sobre la naturaleza del mundo y el universo y ha dado rienda suelta a la innata curiosidad humana que ansía una movilidad sin cortapisas”.

La lucha ancestral del hombre con el mar, esa tempestuosa relación que todavía hoy no encontrado su final, es la que nos narra Cunliffe en este magnífico libro en el que se abordan los orígenes de la navegación y su desarrollo a lo largo de la historia para conectar dos mundos diferentes: el cerrado y sosegado Mediterráneo y el temible e infinito Océano Atlántico.

“El mar es un medio muy diferente a la tierra. Es un mundo extraño y cambiante. Un lugar destinado para el olvido. Así como los paisajes terrestres parecen estáticos, los marinos se presentan en continuo movimiento, mudando de color entre los grises más enmarañados y las tonalidades más vivas de azul y verde, modulando con su voz entre el murmullo más sosegado y el rugido más terrible”, asegura el autor.

Esa lucha ancestral del hombre con el mar, esa tempestuosa relación que todavía hoy no ha encontrado su final, es la que nos narra Cunliffe en este magnífico libro en el que se abordan los orígenes de la navegación y su desarrollo a lo largo de la historia para conectar dos mundos diferentes: el cerrado y sosegado Mediterráneo y el temible e infinito Océano Atlántico, el Mar de las Tinieblas Perpetuas que decían los árabes. Se trata de una obra indispensable en la que se recorre la historia de varios milenios de relación del hombre con el medio marino, desde los titubeantes inicios del Paleolítico hasta el siglo XVI, cuando, por primera vez, se pudieron dibujar los límites del Océano.

Autor

Mario Agudo Villanueva