El infinito en un junco

En septiembre del año 2015 recibí un correo electrónico en el que Irene Vallejo me presentaba su libro “El silbido del arquero”, editado por Contraseña Editorial. Me llegan muchas publicaciones cada mes, pero tengo que confesar que aquella me turbó. Era una novela bien documentada, escrita con un estilo fresco, elegante. Fácil de leer. Las palabras se encadenaban de una manera extrañamente armoniosa, como si Virgilio hubiera despertado de su eterno sueño para tomar la forma de una mujer contemporánea para hablarnos de un remoto, pero a la vez cercano, pasado.

Desde entonces me preocupé por seguir de cerca el trabajo de Irene. Descubrí sus columnas en el Heraldo de Aragón, una magnífica ventana a nuestra historia desde la que otear con cierta distancia nuestro atribulado presente. Bocanadas de sensatez y profundidad en un mundo histriónico y de postureo. Para nuestra satisfacción, una recopilación de las más destacadas vio la luz en un nuevo y magnífico libro: “Alguien habló de nosotros”, editado también por Contraseña en 2017.

Con estos dos magníficos precedentes, que no constituyen la obra completa de esta joven, pero fecunda, escritora e investigadora, no es de extrañar que “El infinito en un junco: la invención de los libros en el mundo antiguo”, que ve ahora la luz de la mano de Siruela, se convierta en un absoluto éxito. El título es ya de por sí evocador, al estilo de la fabulosa pluma de Irene, que no solo enseña, sino que también emociona. Su pasión por el mundo clásico toma forma en sus obras, que se impregnan de un espíritu que las hace atractivas y actuales, evocadoras y didácticas.

“El infinito en un junco” es una bella manera de referirse al poder creador de la palabra y a la inabarcable capacidad de su continente: el libro. Es un libro sobre la historia de los libros, pero no se trata de una historia al uso, sino de una historia investigada y contada con la pasión propia de quien ama lo que hace y además tiene el don de saberlo transmitir con la maestría de Irene. Ella ya ha hecho su trabajo. Ahora nos corresponde a nosotros disfrutarlo.

Autor

Mario Agudo Villanueva