Dafnis y Cloe: el despertar del erotismo

Un cabrero de nombre Lamón encuentra un bebé en un encinar poblado de zarzales con hiedras errantes que se elevan sobre el césped, blando y espeso. Un lugar paradisíaco en el que el pequeño Dafnis, como fue bautizado por Mírtale, la esposa del pastor, era amamantado por una cabra. Dos años más tarde, en el interior de una gruta consagrada a las ninfas en un paraje próximo, otro pastor, de nombre Drías, encontró a una recién nacida, a la que su esposa, Nape, bautizó como Cloe. Dos hallazgos fortuitos, en un lugar indeterminado de la isla de Lesbos. Dos vidas que brotan de una manera paralela, a las que el ambiente bucólico que les rodea les brinda la oportunidad de conocerse e iniciar una amistad que acabará por convertirse en amor, un sentimiento que es el núcleo central de una de las primeras novelas que conservamos: “Dafnis y Cloe”, escrita por Longo.

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Dafnis y Cloe. Louise Marie-Jeanne Hersent-Mauduit. Siglo XIX. Foto: Wikimedia Commons.

Poco sabemos de la vida de su autor, al igual que de la de otros novelistas, como Aquiles Tacio, que escribió “Leucipa y Clitofonte”, o Heliodoro, que nos legó las “Etiópicas”. Podemos aventurar que su patria fue la isla de Lesbos, donde transcurre la novela, un lugar en el que el canto al amor tuvo el magnífico precedente de la poetisa Safo. Durante algún tiempo se situó su obra al final de la Antigüedad, entre los siglos III y IV, pero las últimas investigaciones, que han replanteado la cronología de la obra de Aquiles Tacio, presunto imitador de Longo, lo sitúan antes, entre los siglos I y II de nuestra era.

El mérito de Longo reside en que elimina de su relato los largos viajes y las aventuras que acontecen a los personajes. No hay épica, ni grandes héroes. La trama es muy estática, lo que permite explorar en profundidad aspectos más humanos.

Debemos adscribir a estos autores al grupo de seguidores de la Segunda Sofística, en el punto de mayor madurez del género erótico. El mérito de Longo reside en que elimina de su relato los largos viajes y las aventuras que acontecen a los personajes. No hay épica, ni grandes héroes. La trama es muy estática, lo que permite explorar en profundidad aspectos más humanos: la relación con la naturaleza, la religiosidad, la música y, sobre todo, el surgimiento del amor. La novela gira entorno al erotismo y su desarrollo es el despertar de una pasión inocente entre los jóvenes que se convierte en toda una conquista de la experiencia sexual, teórica y práctica.

Dafnis y Cloe” fue considerada durante mucho tiempo una obra lasciva e indecente, pero cabría atribuir estos juicios a la estrechez de miras de una sociedad trasnochada, castrada por el dogma moral impuesto por la religión.

Longo convierte el mal en un accidente pasajero, en una anécdota que es absorbida por los acontecimientos sin impactos significativos sobre la trama. Así nos encontramos con el episodio de la loba, el del boyero Dorcón o el ataque de los piratas tirios. Nada consigue romper ese equilibrio entre la evolución de la trama amorosa y el devenir de las estaciones, que van sucediéndose como marco natural en el que se desarrollan los acontecimientos. El autor elimina a la desgastada Fortuna e introduce otras divinidades: Pan, las Ninfas y Eros. Algunos autores han señalado que una de las claves de esta novela es la teología de este último dios, de manera que el despertar de los jóvenes al amor sería un modo simbólico de referirse a la iniciación religiosa. Sin embargo, es un extremo prácticamente imposible de demostrar.

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Portada del libro traducido por Pedro Olalla para De Conatus.

“Dafnis y Cloe” fue considerada durante mucho tiempo una obra lasciva e indecente, pero cabría atribuir estos juicios a la estrechez de miras de una sociedad trasnochada, castrada por el dogma moral impuesto por la religión. Estas valoraciones han tenido siempre un impacto negativo sobre la recepción de la novela en tiempos modernos, por ello es tan importante una nueva edición que haga justicia al texto original de una de las obras pioneras en la narración del sentimiento humano más puro, el del despertar sexual, el del erotismo natural. Una edición sin censura, fiel al original, que se ha encargado de elaborar uno de los helenistas más prestigiosos del momento, Pedro Olalla, para la editorial De Conatus, que inaugura así la colección “Memoria de la Humanidad”, que trata de repasar nuestra historia común, nuestra evolución como sociedad, a partir de las novelas que han jalonado nuestro pasado.

Autor

Mario Agudo Villanueva