La vía del Foro Romano es una calle poco transitada, paralela al foro en una pequeña parte de la longitud de aquel. Los árboles asoman por encima de la verja de hierro del recinto arqueológico forense e interponen una frontera verde entre las ruinas del corazón del mundo y un tranquilo paseo en busca de los orígenes de la ciudad. Corta la calle una de las laderas del Palatino, obligando a girar en ángulo recto a la derecha y caminar por la vía de San Teodoro, que se adapta  al contorno de la colina. La falda de esta ladera, muy transformada por las diversas obras y reformas llevadas a cabo durante siglos, es una sucesión de muros, rampas, contrafuertes, oscuros huecos que antes fueron almacenes en los que miles de esclavos y de hombres libres movían a diario las mercancías necesarias para abastecer la ciudad. Ofrece un intenso contraste con la cumbre, donde pinos, cipreses y una palmera solitaria evocan los viejos jardines Farnesio, modesto triunfo de la naturaleza sobre las ruinas de los palacios imperiales.

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Retratos de mujeres romanas. Exposición “Mujeres de Roma”. CaixaForum Madrid. Foto: Mario Agudo Villanueva.

 

Antes de que los emperadores ocuparan con sus palacios toda la cima, la colina del Palatino era el lugar elegido por la nobleza para edificar sus lujosas mansiones, si bien la vertiente que recaía hacia el valle por donde discurre nuestra vía era un muro de roca casi impracticable. A esa escarpa de piedra se le oponían, enfrente, en el lado derecho de la calle, las casas de viviendas del barrio de los etruscos, cuyas altas fachadas quedaban medio ocultas por el verdor de las plantas que crecían en los balcones. Los romanos amaban todo lo relacionado con el campo, y combatían su añoranza por la vida campesina colgando de las ventanas tiestos de flores. Por esta vía, llamada en la antigüedad vicus Tuscus, sus habitantes verían desfilar, procedentes de la escalera de Caco por la cual se descendía al valle de la cumbre, muchos cortejos de bodas aristocráticas.

Isabel Barceló Chico

Reseña

Muchas líneas se han escrito sobre la historia de Roma. El inagotable hechizo de la ciudad eterna provoca que, ya iniciado el siglo XXI, el repertorio de novedades bibliográficas sobre la materia siga ampliándose a un ritmo que ya quisieran para sí otras disciplinas. Sin embargo, hoy estamos ante una obra muy singular, por su contenido y por su enfoque: “Mujeres de Roma. Heroísmo, intrigas y pasiones” (Editorial Sargantana, 2018). La historia de las mujeres ha quedado marginada tradicionalmente en un segundo plano, como señala Isabel Barceló, autora de la obra: “Roma tiene nombre de mujer. Sus hijas no son fácilmente visibles, porque la sombra de los varones las oculta con frecuencia”. Pero este libro no es solo una historia de mujeres.

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Isabel Barceló junto a su libro

Cada uno de los dieciocho capítulos que conforman el volumen es una ventana a la antigüedad que se abre desde el presente, desde la Roma actual, sembrada de extraordinarias ruinas y evocadores escenarios que permiten rememorar su antiguo esplendor. Como apunta Carlos García Gual en su prólogo, el libro de Isabel Barceló nos seduce por su estilo “fresco y claro”, que transmite en una “vívida y precisa” narración buena parte del pasado de la ciudad. Para ello utiliza como hilo conductor la peripecia vital de un extenso elenco de mujeres que protagonizaron su historia en momentos diferentes: Lucrecia, Cornelia, Livia o Agripina en la antigüedad; Gala Placidia y Santa Elena en los tiempos del ocaso; la renacentista Lucrecia Borgia, la desdichada Beatrice Cenci, la pintora Artemisia Gentileschi, la exuberante Paulina Bonaparte o la combativa Anita Garibaldi aparecen ante nosotros para esbozar brillantes pinceladas de tiempos remotos y más recientes.

La estructura del libro permite su disfrute a través de una lectura lineal tradicional, pero también podemos digerirlo en pequeñas dosis, pues lo que la autora trae ante nosotros es un variado repertorio de postales que nos permiten realizar un trepidante viaje al pasado. Recorrer sus páginas es adentrarse en momentos puntuales de la milenaria historia de la ciudad, trasladarse de la suntuosidad de las residencias imperiales al bullicio de sus populosas calles, conocer sus mitos fundacionales y repasar hitos de su glorioso pasado, descubrir la trayectoria de personajes que van de la celebridad al anonimato y recuperar la memoria de las mujeres que también protagonizaron sus episodios de esplendor y declive. En definitiva, una tentadora alternativa para los que quieran aproximarse a la historia de Roma o los que, ya conocedores de ella, quieran deleitarse con el elegante y evocador estilo de Isabel Barceló.

Mario Agudo Villanueva