El mito de Idomeno nos muestra el destino trágico de un rey quien, obligado por su promesa a Poseidón, tuvo que sacrificar a su hijo. La carga dramática de la historia, así como su vinculación con el ciclo troyano, ha hecho que se haya convertido en uno de esos temas míticos recurrentes en el mundo artístico y literario posterior. Nos hemos querido acercar a su figura a través de Mariano Valverde Sánchez, autor del libro “El mito de Idomeneo y su tradición literaria. De la épica griega al teatro español del siglo XVIII”, editado por Signífer.

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Idomeneo y Méntor. Luigi Schiavonetti (1765-1810)

Pregunta – En su opinión ¿qué tiene la Ilíada para que tanto la misma obra como conjunto como las hazañas de sus protagonistas hayan tenido tal repercusión en la literatura posterior?

Respuesta – La Ilíada es la obra que inaugura la literatura europea y también una de las más grandes creaciones literarias de todos los tiempos. Se trata de una epopeya de extensión monumental que tiene como tema de fondo la guerra de Troya. Pero, como ya señalaba Aristóteles, la excelencia del poema radica en el modo en que ha sido compuesta la narración. El poema no desarrolla los hechos legendarios a la manera de una crónica histórica, sino que se centra en un tema específico, en este caso la cólera de Aquiles, y lo trata con profundidad y amplitud de perspectiva. De ese modo, una acción tan pequeña, en realidad una anécdota situada en el décimo año de la guerra de Troya, adquiere un significado grandioso y paradigmático: la narración épica sobre el rencor de Aquiles y sus funestas consecuencias profundiza en el sentido trágico de la condición y el destino humanos. El poema nos presenta una extensa galería de personajes, dioses y héroes, griegos y troyanos, que emergen a primer plano con una gran riqueza de matices. En su mayoría los héroes iliádicos son guerreros que luchan con valor; pero al mismo tiempo reflejan vivamente los sentimientos intemporales del hombre. Figuras como Aquiles y Héctor, Agamenón, Paris y Menelao, Néstor y Príamo, Hécuba, Helena y Andrómaca, aparecen dotadas de humanidad y grandeza al mismo tiempo, y han hecho de la Ilíada un relato que apasiona e interesa al público de cualquier época.

La narración épica sobre el rencor de Aquiles y sus funestas consecuencias profundiza en el sentido trágico de la condición y el destino humanos.

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Poseidón con su tridente. Placa corintia. 500-525 a.C. Procedente de Penteskouphia. Museo del Louvre.

Pregunta – Trude y Moshe Dothan sostienen que en la Odisea, donde se relata el periplo de los supervivientes de la guerra de Troya, hay un cierto trasfondo histórico que podría hacer referencia a los que conocemos como Pueblos del Mar ¿está de acuerdo?

Respuesta – En esta cuestión prefiero ser cauto. El papel histórico y la identidad misma de los llamados Pueblos del Mar es una cuestión muy discutida, sobre la que hay muchas hipótesis y pocos datos claros. Los poemas homéricos, como herederos de una larga tradición oral, conservan elementos de diferentes estratos históricos. Por una parte, reflejan el mundo de la civilización micénica. La Odisea, en concreto, describe el ambiente de los regresos de los griegos participantes en la guerra de Troya (y los conflictos originados a la vuelta de estos héroes en sus reinos, por disensiones o por vacío de poder, podrían ser una forma poética de aludir a las circunstancias que desencadenaron el derrumbe de la civilización micénica). Por otra parte, la Odisea refleja también, por ejemplo, el desarrollo de la actividad marítima (comercial y colonial) en el Egeo y más allá, hacia Oriente y Occidente, en el siglo VIII a.C. En todo caso, no debemos perder la perspectiva: la Odisea es ante todo un poema épico, no una obra histórica, y la literatura comparada nos enseña, en ejemplos como la Chanson de Roland, cómo la tradición poética ha podido deformar considerablemente los hechos históricos que estaban en la base del relato épico.

La Odisea es ante todo un poema épico, no una obra histórica, y la literatura comparada nos enseña, en ejemplos como la Chanson de Roland, cómo la tradición poética ha podido deformar considerablemente los hechos históricos que estaban en la base del relato épico.

Pregunta – Idomeneo experimenta un retorno trágico, como casi todos los protagonistas del conflicto. Debido a una promesa realizada a Poseidón, debe matar a su hijo ¿qué sentido encierra este desenlace?

Respuesta – Efectivamente, muchos de los héroes participantes en la guerra de Troya sufren desgracias a su regreso. En el caso de Idomeneo, mientras una tradición le suponía un regreso afortunado, otras fuentes hablan de un final desdichado. En unas versiones ello se debe a la traición y la usurpación de su trono. En otra versión, que será la más difundida en época moderna, a su regreso la flota de Idomeneo se vio envuelta en una tempestad y el rey prometió a Posidón sacrificar lo primero que encontrase a su llegada; al abordar en Creta fue su hijo el primero que salió a recibirle; y bien por haber ejecutado el sacrificio o por intentarlo, Idomeneo fue expulsado de su reino.

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El voto imprudente que obliga al sacrificio del hijo es un tema frecuente en el cuento popular y tiene paralelos en otras culturas, como el episodio bíblico de Jefté (Jueces 11.30-40). Este tipo de leyendas quizá trataría de explicar el cese de los sacrificios humanos a partir de la propia voluntad divina, que no se complace con tales prácticas y ocasiona el castigo del temerario oferente. Por otra parte, la expulsión del soberano por una falta cuyo castigo divino afecta a la comunidad, como sucede también en el mito de Edipo, responde a la función desempeñada por la figura ritual del pharmakós, una especie de “chivo expiatorio”, que encarna una “mancha”.

Este tipo de leyendas quizá trataría de explicar el cese de los sacrificios humanos a partir de la propia voluntad divina, que no se complace con tales prácticas y ocasiona el castigo del temerario oferente.

El interés que el tema suscitó en la dramaturgia del siglo XVIII radica en el hecho de que el mito de Idomeneo entraña un conflicto de naturaleza trágica entre piedad religiosa y amor paterno; presenta al personaje ante el dilema entre el sacrificio prometido a la divinidad y los lazos naturales del amor paterno; un dilema que en la mayoría de los tratamientos adquiere también dimensión política ante las consecuencias que la actuación del rey tiene para el pueblo (el monarca debe elegir entre la vida de su hijo y la salvación de sus súbditos, entre su condición de padre y su función de rey). Se trata de un caso paralelo a otros mitos trágicos (Ifigenia, Políxena, …), donde la divinidad exige el sacrificio de una víctima inocente para el bien o la salvación colectiva.

Pregunta – Parece que es a través del Télémaque de Fénelon como la tragedia de Idomeneo adquiere fortuna posteriormente ¿podría resumir brevemente el proceso por el que la obra traspasa los límites de la Antigüedad y llega hasta el siglo XVIII?

Respuesta – El mito de Idomeneo representa un caso curioso por su itinerario un tanto oculto en la tradición. La versión que hallará fortuna en la literatura europea del siglo XVIII, con el tema del voto imprudente y el sacrificio del hijo, nos es conocida sólo a partir de un testimonio tardío (el comentarista Servio, a finales del siglo IV de nuestra era), aunque probablemente remonta a una época más antigua. Esta versión fue trasmitida luego en varios compendios mitográficos: la Genealogía de los dioses paganos (s. XIV) de G. Boccaccio, el más importante por su influencia en la cultura europea desde el temprano Renacimiento; la Historia poética de P. Gautruche y el Diccionario enciclopédico de L. Moreri, ambos del siglo XVII. Pero tanto en Servio como en los citados compendios la leyenda no sobrepasa los límites de un breve resumen. Para la fortuna posterior del mito resultó decisiva la gran influencia ejercida por el Télémaque (1699) de Fénelon, que concede amplio protagonismo a la figura de Idomeneo, y desarrolla la historia con el tema de la traición política procedente de otras tradiciones antiguas. A partir del Télémaque, obra que gozó de enorme éxito en toda Europa, el tema de Idomeneo alcanzó difusión y fue objeto de numerosas recreaciones dramáticas, en forma de tragedias y óperas, la más célebre de las cuales es sin duda el Idomeneo (1781) de Mozart.

A partir del Télémaque, obra que gozó de enorme éxito en toda Europa, el tema de Idomeneo alcanzó difusión y fue objeto de numerosas recreaciones dramáticas, en forma de tragedias y óperas, la más célebre de las cuales es sin duda el Idomeneo (1781) de Mozart.

Pregunta – ¿Se introducen variaciones sobre el mito original en sus versiones más modernas?

Respuesta – La elaboración literaria de un mito implica siempre modificaciones. La figura trágica de Idomeneo adquiere matices diversos en las distintas versiones. En algunos casos, como en Fénelon o Cienfuegos, el dolor y la caída trágica del héroe le hacen consciente de su obcecación y su imprudencia; en las piezas de Lemierre o Comella, además de remordimientos, expresa su desafección por unos dioses inexorables e injustos; y en la versión de Varesco-Mozart es redimido de su culpa. El joven príncipe es inmolado por Idomeneo en unos casos (Fénelon, Danchet-Campra, Comella); en otros (Crébillon, Lemierre) se suicida para librar al padre de la obligación y salvar al pueblo del castigo divino; mientras que la ópera de Mozart alcanza un final feliz con la instauración de un nuevo orden moral y político gracias al triunfo del amor. Un recurso característico es la incorporación de personajes nuevos. La figura del sacerdote Sofrónimo es una creación de Fénelon, que pasará a las versiones posteriores con cambios en su caracterización: de consejero leal se convierte, por ejemplo, en las tragedias españolas de Cienfuegos y Tapia, en un traidor que trata de usurpar el trono.

Determinadas variaciones en el tratamiento dependen del contexto cultural e histórico.

En la construcción de la tragedia de Idomeneo han influido también los dramas sobre el mito de Ifigenia; y así se ha introducido el motivo del oráculo, que refuerza la obligación de sacrificar al hijo, o la figura de la madre en paralelo con el personaje de Clitemnestra. Determinadas variaciones en el tratamiento dependen del contexto cultural e histórico. Las primeras versiones dramáticas (de Crébillon y Danchet-Campra) introducen el ingrediente amoroso en la trama, a la manera de la tragedia raciniana, conforme al gusto de la época. Las piezas influidas por el espíritu de la Ilustración, como las de Lemierre y Cienfuegos, denuncian el fanatismo religioso y la superstición, y en general defienden las ideas ilustradas (virtud, justicia, humanidad y ley natural).

Autor

Mario Agudo Villanueva