En septiembre de 2016, las agencias de todo el mundo se hicieron eco de una noticia que uno no sabe si considerar un gran descubrimiento o algo absolutamente irrelevante: científicos israelíes habían conseguido desenrollar y descifrar el contenido de un fragmento de pergamino calcinado hallado en los años sesenta en En-Gedi, en la costa israelí del mar Muerto.

¿Qué es lo que se sabe de este manuscrito? Según los investigadores, fue escrito en el siglo III ó IV de nuestra era, quizás antes, y se quemó en un incendio que tuvo lugar aproximadamente en el año 600. Respecto al contenido, se trata, sin duda, de un fragmento del Levítico, uno de los cinco primeros libros de la biblia hebrea (y también del Antiguo Testamento cristiano) que conforman la Torá o Ley judía.

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Fragmento del manuscrito calcinado de Ein-Gedi parcialmente digitalizado. Foto: http://www.cmalliance.org

Pero, ¿qué importancia tiene todo esto? Indudablemente, si a a alguien no le interesa en absoluto la historia antigua, ni la historia de las religiones, y si tampoco practica la religión judía o la cristiana, la respuesta es sencilla: no tiene la menor importancia. Pero si cumple aunque sea levemente alguna de esas condiciones, entonces puede resultar un descubrimiento interesante.

El manuscrito de En-Gedi fue escrito en el siglo III ó IV de nuestra era, quizás antes, y se quemó en un incendio que tuvo lugar aproximadamente en el año 600

La clave del problema se encuentra en el texto de la Biblia judía que, como ya se ha dicho, es también el del Antiguo Testamento cristiano. Cuando cualquiera de nosotros abrimos una Biblia, estamos leyendo una traducción a una lengua moderna de un texto original hebreo que fue redactado varios cientos de años antes de nuestra era (algunos fragmentos pueden remontarse hasta el siglo VII o VI a. C.; los más modernos, al siglo II a. C.). Es decir, todos los libros del Antiguo Testamento tienen más de dos mil años de antigüedad. Sin embargo, todas las traducciones modernas toman como base de sus traducciones no el texto original, sino un manuscrito en concreto, el Codex Leningradensis B 19A, fechado en el año 1008 y que se encuentra actualmente en la Biblioteca Pública de San Petersburgo. Dicho en otras palabras: no se traduce el texto original, sino la forma en la que el texto original se había transmitido de generación en generación, de manuscrito en manuscrito, de copista en copista, durante más de mil años. La razón de elegir este manuscrito es que se considera, en líneas generales, que es el que mejor ha conservado el texto original.

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Codex Leningradensis. Página 474a. Foto: Wikimedia Commons

Ahora bien, hay, por supuesto, otros muchos manuscritos, con diferentes variantes, añadidos, textos más breves o más extensos de un versículo en concreto, etc., de manera que los expertos en la materia toman como base el Codex Leningradensis B 19A, pero lo comparan sistemáticamente con los demás manuscritos para poder saber, en cada caso, cuál de ellos se acerca más al texto original, del que, por desgracia, no quedan restos.

Todos los libros del Antiguo Testamento tienen más de dos mil años de antigüedad. Sin embargo, todas las traducciones modernas toman como base de sus traducciones no el texto original, sino un manuscrito en concreto, el Codex Leningradensis B 19A

Esta minuciosa labor de comparación de todas las variantes por parte de los estudiosos de la Biblia ha dado como resultado la creación de un texto original hebreo que intenta reproducir cómo debió ser el texto original. Pero, ¿cómo se puede estar seguro de que las herramientas de deducción utilizadas por los estudiosos son las adecuadas? ¿Cómo podemos saber si tienen razón o no en sus hipotéticas deducciones?

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Restos arqueológicos de Qumran con el Mar Muerto al fondo. Foto: Miguel Ángel Villanueva Cristóbal

En 1948, se descubrió en el desierto de Judea, en un lugar llamado Qumran, no lejos de En-Gedi, un tesoro de unos 800 manuscritos divididos en varios miles de fragmentos. Conocidos en la actualidad como los Manuscritos del Mar Muerto, eran la biblioteca que dejó tras de sí una comunidad religiosa judía (los esenios) que vivió a orilla del mar Muerto entre el siglo II a. C. y aproximadamente el año 66 d. C., fecha en la que fue destruida por los romanos, y momento en el que escondieron sus manuscritos en las cuevas cercanas al lugar donde habitaban.

Los Manuscritos del Mar Muerto, eran la biblioteca que dejó tras de sí una comunidad religiosa judía (los esenios) que vivió a orilla del mar Muerto entre el siglo II a. C. y aproximadamente el año 66 d. C.

Aparte de textos relacionados con las reglas por las que se gobernaba el grupo esenio, horóscopos, textos apocalípticos, y otros textos de naturaleza religiosa, entre los Manuscritos del Mar Muerto hay ejemplares de todos los libros de la Biblia hebrea excepto el de Ester. Y, dada su antigüedad (unos dos mil años), son un milenio más antiguo que cualquier otro manuscrito bíblico, incluido nuestro querido Leningradensis. De este modo, los Manuscritos del Mar Muerto son la “prueba del algodón” para los científicos, porque, puesto que son más antiguos y, en principio, más cercanos al momento de redacción y han sufrido mil años menos de posibles modificaciones intencionadas -o no- por parte de los copistas, confirmarían o desmentirían las reconstrucciones hipotéticas de los científicos. Pues bien, en líneas generales, lo que se ha encontrado es que los Manuscritos del mar Muerto son muy similares a las reconstrucciones hipotéticas formuladas por la ciencia. ¡Los científicos han hecho un buen trabajo y, pese a no tener originales que se remonten al momento de redacción de los libros de la Biblia, podemos estar seguros que leemos prácticamente lo mismo que se escribió!

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Cuevas de Qumran. Foto: http://www.biblewalks.com

Y aquí entra en escena el fragmento del Levítico encontrado en En-Gedi. Según los análisis de radiocarbono, el manuscrito fue redactado en el siglo tercero o cuarto de nuestra era, aunque quizás sea anterior, incluso. Es decir, es un texto casi contemporáneo (decenios arriba o abajo) de los Manuscritos del mar Muerto, y su contenido debería confirmar, al menos en lo que se refiere al Levítico, lo dicho anteriormente: que el texto que leemos se parece mucho, si no es idéntico, al que escribió su autor en el siglo VI a. C.

El manuscrito de En-Gedi es un texto casi contemporáneo de los Manuscritos del Mar Muerto, y su contenido debería confirmar, al menos en lo que se refiere al Levítico, que el texto que leemos se parece mucho al escrito en el siglo VI a.C. 

La reconstrucción ideal del texto completo de la Biblia judía es una labor prácticamente interminable que supone el análisis de miles de fragmentos y documentos de muy diferentes épocas. Es un rompecabezas en el que cada fragmento ayuda a obtener una mejor visión del conjunto. En este sentido, el manuscrito de En-Gedi es una pieza, modesta si la comparamos con los Manuscritos del mar Muerto, pero igual de importante para completar el cuadro.

Autor

Javier Alonso López, biblista, autor de una amplia bibliografía divulgativa y colaborador en diferentes medios de comunicación.