La historia del Imperio Romano todavía supone un reto para los historiadores. A pesar de los años de investigación, la trayectoria de muchos de sus protagonistas debe ser revisada a la luz de nuevas informaciones procedentes de diversos campos de estudio. El próximo viernes, 16 de diciembre, a las 19:00, se presenta el libro “Titus Flavius Domitianus. De Princeps a Dominus. Un hito en la transformación del principado”, escrito por Pilar Fernández Uriel y editado por Signifer. El acto tendrá lugar en Madrid, en la sala B del edificio de Humanidades de la UNED, pero Mediterráneo Antiguo ha querido anticiparse y hablar brevemente con su autora sobre esta interesante publicación.

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Retrato de Domiciano. Itálica. 88-96 d.C. Foto: Ángel Martínez Levas (Museo Arqueológico Nacional).

Pregunta – El gobierno de Domiciano fue el epílogo de la dinastía Flavia, que ostentó el poder entre los años 69 y 96 con su padre Vespasiano y su hermano Tito ¿supone la gens Flavia un punto de inflexión en la historia del Imperio?
Respuesta – En muchos aspectos sí. No solo supuso un cambio de dinastía, sino que con ella asumía el poder no una gens de gran tradición aristocrática como la Julio Claudia, sino otra cuyo origen tenía menor antigüedad y tradición, de la nueva nobleza itálica, pero que aportó modelos económicos concretos y favoreció la participación de provinciales. Sin embargo, no buscaron una ruptura sino una cierta continuidad, que, sin duda, era necesaria. Recordemos que llegaban al poder tras una dolorosa guerra civil, como Augusto, con el que se vincularon. Su propaganda oficial se basó en la Pax Imperii y buscaron su relación y la protección con las divinidades tradicionales de Roma, como la dinastía precedente.

Pregunta – Las fuentes históricas: Tácito, Suetonio, Plinio el Joven, no tienen en buena consideración a Domiciano, sin embargo, parece que el éxito de la Roma del siglo II se debe en parte al legado Flavio ¿a qué atribuye usted esta valoración negativa?
Respuesta – Esta valoración es una constante en los césares romanos de las dos primeras dinastías, no suelen librarse mucho de las críticas de estos escritores, debido, básicamente, a su mentalidad tradicional y porque son reacios a cualquier política de reformas, como el ascenso de ecuestres a los cargos públicos, al poder de los libertos, al ascenso de las elites provinciales… También criticaron a Vespasiano y Tito, pero es cierto, Domiciano es quien sale peor parado en sus comentarios, aun así, reconocen su excelente trabajo en la administración del Imperio, aunque habría que distinguir la visión de un Tácito, muy diferente de un Suetonio, de un Plinio el Joven, incluso de un Cassio Dión más tardío.

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Muros de la Domus Flavia, en el Palatino, Roma. Foto: Mario Agudo.

Pregunta – ¿Muere el viejo senado republicano con Domiciano?
Respuesta – La relación con el Senado tuvo que ser difícil y complicada, entre otras causas porque el propio Senado estaba muy dividido. Domiciano fue odiado por la aristocracia senatorial más tradicional, aún muy poderosa, que le acusó de tirano y cruel. Este sector senatorial era el que estaba herido de muerte. Pero fueron muchos los senadores que colaboraron en la política flavia. Se trataba de una nueva generación que, en mi opinión, fue un factor definitivo en el auge de la dinastía Aelia Antonina. Son senadores de origen provincial, fundamentalmente de la Narbonense y de Hispania, con una alta preparación que quizá debieran en parte a las exigencias y preocupación del último flavio y que fueron claves en la administración posterior con Trajano, como Licinio Sura, G. Urso Severiano, Glicio Agricola o Laberio Maximo. Es posible que este sea uno de los legados de Domiciano que no haya sido considerado suficientemente.

Pregunta – Domiciano prestó una gran atención a la política económica ¿cuáles fueron sus grandes líneas de su gobierno en esta materia?
Respuesta – Efectivamente, se ocupó personalmente de los asuntos económicos, con una cuidadosa gestión de los ingresos y de los gastos. Quizá influyera su propia preparación (los Flavios procedían de una familia de banqueros). Tal fue su preocupación por mantener la economía que es posible que uno de los fracasos de su obra militar y su pacto con el dacio Decébalo, tachado de deshonroso, fueran debidos al miedo de que una campaña en Dacia llegara a ser excesivamente costosa para el Imperio. Sobre este aspecto destacaría los estudios de K. K. Hopkins. Yo resaltaría la actividad comercial que llegó a extenderse, fue más dinámica y se mejoró el trasporte. Se abrieron nuevos puertos provinciales por el Mediterráneo Occidental y hubo mayor comunicación en las fronteras.

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Fuente octogonal. Domus Flavia. Palatino, Roma. Foto: Mario Agudo.

Pregunta – El capítulo 7 de su libro nos habla del “Domicianismo” ¿podría explicarnos brevemente a que se refiere?
Respuesta – Es un término que me he atrevido a sugerir, basándome en el concepto de “Neronismo” y en los paralelismos que he encontrado con la política y el principado de Nerón, especialmente en su política popular de espectáculos y en la ideología política.

Pregunta – ¿Qué otros aspectos de su gobierno destacaría?
Respuesta – Además de una buena administración del Estado y de la economía del Imperio que puede valorarse positivamente, destacaría su aportación en el avance en la evolución del Principado hacia un absolutismo teocrático del césar, que parece desarrollarse un paso más con Domiciano en su famosa titulatura “Deus et Dominus” y que fue continuado por sus sucesores. Pero, además yo incidiría en su propaganda política a través de las grandes construcciones, su propia representación iconográfica en monumentos con los que, según las fuentes, llenó Roma. Son enormemente elocuentes las imágenes y mensajes de las emisiones monetarias.

Pregunta – Háblenos de las mujeres de Domiciano: Domicia Longina y Julia Flavia Titi ¿qué aportaron a su gobierno?
Respuesta – Yo creo que ninguna mujer de la dinastía Flavia fue relevante en la política ni aportaron nada al gobierno. Julia Flavia Titi, la hija de su hermano Tito, es más conocida por sus representaciones y las alusiones de las fuentes a su extraña relación con su tío Domiciano. Quizá destacaría más la personalidad de Domicia Longina, su esposa, hija de Domicio Córbulo, prestigioso general de Nerón. Las relaciones del matrimonio fueron variables y difíciles, pero siempre se mantuvo fiel a Domiciano, incluso después de su muerte; es más, no hay pruebas históricas de que participara en el complot de su asesinato, que relatan algunas novelas. Ninguna de las dos llegó a dar un heredero al Imperio.

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Portada del libro

Pregunta – Domiciano murió asesinado víctima de un complot ¿qué causas lo motivaron?
Respuesta – El primer complot fue ya entre enero y marzo del año 89, con la sublevación de Lucio Antonio Saturnino, que fue duramente sofocada. El siguiente y definitivo fue el 18 de septiembre del año 96. Ha sido bastante estudiado y no parece que fuera precisamente improvisado como cuenta Suetonio, sino, al contrario, muy meditado. Podrían apuntarse varios motivos y varios autores, procedentes de sectores descontentos como el senatorial, el intelectual (filósofos), pero también del entorno religioso, e, incluso, familiar. Parece más evidente la participación directa del elemento militar, y más concretamente, de los propios pretorianos y sus dos prefectos: T. Petronio Secundo y T. Flavio Norbano, quienes tuvieron un importante protagonismo en su muerte.

Autor

Mario Agudo Villanueva