La investigación sobre el antiguo Egipto sigue brindando cada día interesantes conclusiones. Los resultados de las campañas arqueológicas, muchas de ellas con sello español, y los estudios de egiptólogos profesionales, arrojan cada día nuevos datos sobre la vida en el país del Nilo. Lamentablemente, a esta actividad profesional y académica, se suman de manera habitual visionarios que enturbian con sus elucubraciones la investigación científica. Los buenos divulgadores juegan aquí un papel fundamental, pues representan el nexo entre el mundo académico y la sociedad, poniendo los pies en la tierra y alejando los fantasmas que rodean más de lo que queremos nuestra historia. José Miguel Parra es uno de los mejores divulgadores del panorama actual. A su amplio repertorio de publicaciones se han sumado recientemente dos: “La vida cotidiana en el Antiguo Egipto” (La Esfera de los Libros, 2015) y “Eso no estaba en mi libro de historia del Antiguo Egipto” (Almuzara, 2016). Con él hemos querido repasar estas publicaciones para acercarnos a la fascinante historia de este milenario país.

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Estela de Mentuhotep. Imperio Medio. Dinastía XII. Tebas. Foto: Mario Agudo

Pregunta – La sociedad egipcia estaba muy jerarquizada ¿cuántas clases sociales podemos distinguir y cuáles podemos decir que eran las responsabilidades de mayor importancia en la práctica diaria?
Respuesta – Podíamos hablar de que hay dos clases sociales: el rey y el resto, pero sí es cierto que tu nivel de poder dependía de tu cercanía o lejanía a la figura del faraón. De modo que un peluquero tiene una posición social, pero el peluquero del rey, tenía otra. Se conocen mastabas importantes de manicuros del rey, porque tenían contacto diario con él. La importancia dependía de la cercanía y el puesto que ocupes. Mas que de una pirámide, podemos hablar de círculos concéntricos por proximidad al faraón. Brazos ejecutores, los nobles, los supervisores… Es una sociedad muy normalizada en este sentido.

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Portadora de ofrendas. Imperio Medio. Dinastía XII. Tumba de Upuautemhat. Foto: Mario Agudo

Pregunta – ¿En qué medida entraba en contacto el faraón con la población llana?
Respuesta – Muy poco, yo creo. Durante el pre-dinástico y las dinastías tinitas, un poco más, porque hacían el seguimiento de Horus y su exposición era mayor. Pero en la XVIII dinastía, no sé hasta qué punto las ceremonias eran visibles. En Tell el-Amarna sí, por ejemplo, porque Nefertiti y Akenatón caminaban por el camino del rey para que los vieran. En otras fiestas, como el Opet, también se exhibían, pero poco más.

Pregunta – Dado que los artesanos y arquitectos realizaban obras y construcciones para el culto ¿tenían alguna consideración especial sobre el resto de los mortales?
Respuesta – Los veían igual, pero de clase alta, porque eran arquitectos y si eran encargados de hacer cosas para el faraón, ya estaban en contacto con él y tenían mejor consideración. Al mismo tiempo, la gente que sabía leer y escribir, estaban en un eslabón social más alto. Tenían una formación superior y era reconocida.

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Portada de “La vida cotidiana en el Antiguo Egipto”

Pregunta – Sabemos que existían policías para mantener el orden ¿tenemos constancia de la existencia de otros cuerpos de seguridad, como bomberos?
Respuesta – Bomberos no existían, se conocen pocos cuerpos. El ejército y los policías encargados del orden. Los cargos en Egipto son tan nebulosos, tienen tantas atribuciones, que es difícil especificar tareas concretas. Se ha llegado a la conclusión de que es imposible establecer una jerarquía al respecto. Los artesanos sí tenían consideración como gremio, quizás también los marineros.

Pregunta – ¿Cómo era la vida en el hogar?
Respuesta – La mujer en Egipto era una cosa peculiar. Era exactamente igual al hombre en todos los aspectos legales. Podía tener propiedades ella sola, hacer negocios, desheredar a sus hijos, comprar esclavos, venderlos… Cualquier cosa que un hombre pudiera hacer, también podía hacerlo la mujer. Podía incluso divorciarse o presentar testimonio en un juicio. Lo que pasa es que, teóricamente, la mujer ideal se quedaba en casa, salía menos al aire libre. Por eso hay esa diferencia de coloración en las representaciones. Los hombres más rojizos, y las mujeres más amarillentas, porque les daba más el sol que a ellas. En el campo, por ejemplo, las mujeres campesinas sí que salían, trabajaban como los hombres.

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Templo de Karnak. Foto: Mario Agudo

Pregunta – También había médicos ¿su trabajo se basaba en criterios científicos o era una mezcla entre física, magia y religión?
Respuesta – De base científica poca, porque dudo mucho que hicieran experimentos, pero sí se basaban en el conocimiento adquirido. Trabajaban mucho el aspecto psicológico de la enfermedad. Al mismo tiempo que sanaban, recitaban fórmulas mágicas para que los dioses estuvieran cerca y el enfermo se sintiera más arropado.

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Pirámide de Kefren. Foto: Mario Agudo

Pregunta – Una cuestión controvertida. Los constructores de pirámides ¿esclavos o a sueldo?
Respuesta – Trabajadores a sueldo sin duda. Desde la década de los 90 del siglo XX se están excavando la ciudad de los trabajadores y el cementerio de los trabajadores. Las personas que estaban allí estaban a sueldo de las pirámides. Recibían un salario y un suplemento de proteínas en forma de carne o de pescado sin el que no habrían podido realizar su trabajo. Ellos sabían que todos los meses cobraban, era un trabajo bueno. Encima estaban construyendo la tumba del faraón, que sería desde dónde partiría al más allá y gracias a eso, el resto de la sociedad, conseguiría también vivir en el más allá.

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Modelo de escena de labranza. Imperio Medio. Foto: Mario Agudo

Pregunta – ¿Qué tal eran acogidos los extranjeros y las personas con discapacidades?
Respuestas – Las personas con discapacidades eran consideradas personas normales. Enanos, personas con malformaciones, podían alcanzar cargos muy importantes en la administración. Era su valía lo que determinaba hasta dónde podían llegar y no su minusvalía. Con los extranjeros había dos visiones. Por un lado, eran considerados gente que venía del mundo del caos y, por lo tanto, eran malos. Este era el tratamiento ideológico. Pero luego estaba la realidad. Si trabajas en Egipto, eras un egipcio para la población. Se conocen casos de extranjeros que llegaron a visir. Eso sí, de pocos en pocos. Si se asentaban muchos libios, por ejemplo, eran expulsados. Si son grupos pequeños o personas individuales, no había ningún problema.

Autor

Mario Agudo Villanueva