La cerámica es el indicador cronológico por antonomasia de los yacimientos arqueológicos. Un material que acompaña al ser humano desde la más remota Antigüedad y que se encuentra en grandes cantidades en cualquier excavación.Mediterráneo Antiguo se ha querido a acercar a uno de los mejores especialistas del panorama actual, Albert Ribera i Lacomba, arqueólogo del Ayuntamiento de Valencia y jefe de la Sección de Investigación Arqueológica del consistorio desde el año 2003. Con él hemos hablado de cerámica romana.
Pregunta – El término cerámica romana es muy amplio e incluye numerosos tipos ¿cuáles son los primeros que llegan a la península y en qué zonas los encontramos?
Respuesta – Las primeras cerámicas romanas que llegaron a la Península Ibérica son del siglo III a.C. Serían las producciones de barniz negro conocidas como Pequeñas Estampillas, que se fabricaron en los alrededores de Roma. Al mismo tiempo llegaron también ánforas greco-itálicas de la región de Campania, que transportaban el apreciado vino de la zona.
No hay que confundir estas cerámicas con otras de Italia, de la Magna Grecia, tanto de barniz negro como ánforas, que llegaron antes, pero que corresponden al mundo griego.
Esas primeras cerámicas romanas se encuentran en las áreas del litoral, principalmente en los yacimientos costeros catalanes de Emporion a Tarragona.
Vajilla de cerámica de barniz negro. Foto: Museo de Zaragoza
Pregunta – La cerámica romana peninsular ¿era más de producción propia o también podemos hablar de un alto volumen de importación?
Respuesta – En los primeros tiempos de la República, la inmensa mayoría, o toda, la cerámica de tipo romano enHispania, incluida la cerámica común y de cocina, era importada, especialmente de la Campania. Poco a poco fueron apareciendo talleres, normalmente de poca entidad y difusión, que fueron imitando las diferentes clases, desde la vajilla fina de barniz negro a las ánforas. A partir de Augusto, no sólo se ha constatado una drástica disminución de las importaciones, sino el cada vez más importante auge de las exportaciones hacia otros lugares del Imperio, como la propia Roma y los centros militares de las fronteras, especialmente de los productos envasados en las ánforas.
En el tránsito de la República al Imperio, en distintas regiones hispánicas se observan los primeros intentos de los alfareros locales para adaptarse a los modos y costumbres romanos, para los que el repertorio cerámico indígena en gran parte no servía. Aparecen vasos de paredes finas, jarras y cazuelas e incluso ánforas, formas inspiradas en los tipos romanos importados pero que se manufacturaron con la técnica indígena. Incluso, algunos aún se decoraron con los trazos de pintura roja característica del mundo ibérico.
Cerámica abandonada en el monte Testaccio, Roma. Foto: Wikimedia Commons
Pregunta – ¿Cuáles eran los centros principales de producción peninsular? ¿varían en función de la época histórica?
Respuesta – En la antigua Hispania, entre los siglos I y III d.C. se desarrollaron muchos centros alfareros. La mayoría se dedicaron al consumo local, pero hubo grandes centros que se especializaron en el comercio a gran escala a otras provincias. Se pueden mencionar los talleres de ánforas del litoral de la Tarraconense, desde Emporion a Dénia y los de las zona de Cádiz, Málaga, y sobre todo, los del valle del Guadalquivir, que envasaron el aceite que se consumía en Roma y cuyos restos formaron el Monte Testaccio.
Los grandes centros de producción de vajilla de mesa, la sigillata hispánica, se concentraron en dos zonas: La Rioja y los alrededores de Andújar, cerca de Jaén. Estudios recientes ha identificado algunos tipos de cerámica de cocina que tuvieron su mercado en regiones concretas, como la fachada atlántica y el litoral mediterráneo. También se ha constatado la vitalidad de algunos núcleos del interior, como Emérita y Segóbriga.
El papel de Hispania, muy importante para los siglos I y II dC, decayó bastante a partir de mediados del s. III dC.
Artesano trabajando la cerámica en Rodas. Foto: Mario Agudo Villanueva
Pregunta – ¿Y los centros más importantes del Mediterráneo?
Respuesta – A lo largo del Mediterráneo hubo grandes y famosos centros de cerámica en época romana. Plinio habla de algunos pocos, como Arezzo y Pollentia, ambas en Italia, y también se refiere a los vasos de Saguntum, que hasta el momento no se han podido relacionar con ningún tipo concreto, aunque se ha sugerido que fueran vasos de paredes finas.
En el siglo I d.C. el principal centro productor de vajilla de mesa, la terra sigillata, no lo mencionan los autores antiguos. Estuvo en el barrio de la Graufesenque (Millau), en la periferia de Condatomagus, en el sur de Francia. Sus piezas se encuentran por todo el imperio y también fuera de él. A partir del siglo II dC, y hasta el VII, la principal área de producción y exportación de cerámica estuvo en Túnez.
Pregunta – ¿Cómo se organizaban los talleres de producción de cerámica?
Respuesta – El sistema fue muy diverso, dependiendo del periodo y de las zonas. Hubo grandes complejos productivos dedicados a la exportación que ocupaban mucho espacio y necesitaban gran cantidad de mano de obra esclava, como los grandes centros de barniz negro (Nápoles-Ischia, Cales), terra sigillata (Arezzo, la Graufesenque, La Rioja, Andújar,Lezoux,…) y de ánforas (Albinia, Brindisi, área del Vesubio, Rodas, Cádiz, Guadalquivir,..), junto a pequeñas instalaciones de ámbito local que abastecían las necesidades de su entorno más inmediato. Alrededor de cada ciudad había algún taller para el consumo local de cerámica de cocina y de material de construcción.
En todos los casos, la mayor parte de la mano de obra sería servil, conociéndose la creación de sucursales a partir de centros originarios, tanto a escala regional como provincial, a cargo de antiguos esclavos de la factoría inicial. Son los precedentes de la deslocalización actual. Los productos de éxito, como la terra sigillata o los envases de determinados productos, primero se exportaban y luego se creaban talleres cerca de los lugares de consumo para abaratar los costos de transporte. Estos nuevos centros no siempre eran sucursales, sino que algunos se sospecha que serían meros imitadores, o falsificadores.
A modo de ejemplo, las primeras factorías de ánforas del área catalana, gracias a la onomástica de sus sellos epigráficos, se relacionan con negociantes de Campania. Los talleres de sigillata de Andújar se han vinculado con el mundo de la cerámica tardo-itálica. Asimismo, los precoces alfareros de terra sigillata de Lyon enlazan directamente con los de Pisa y Arezzo, y así se podrían mencionar otros casos de estos procesos de expansión.
Ánforas romanas. Museo Arqueológico de Murcia. Foto: Mario Agudo Villanueva
Pregunta – La cerámica estaba muy presente en la vida cotidiana de los romanos ¿cuáles eran sus usos principales?
Respuesta – En época romana, y en la Antigüedad en general, la cerámica tenía un papel muy relevante en la vida cotidiana, mucho más que ahora. Hay que tener en cuenta la inexistencia de elementos ahora tan normales como el plástico y el aluminio, que eran sustituidos por la cerámica y, en menor medida, por el vidrio, la madera o el bronce. Todo lo referente a la preparación y consumo de alimentos estaba casi monopolizado por este material tan fácil de hacer como económico. De este antiguo uso ahora sólo nos quedan algunas reliquias culinarias como las cazuelas para el arroz o la carne al horno.
En las mesas de los ricos, eso sí, se hacía profusión del uso de la vajilla metálica de plata para el servicio de mesa, lo que está en el origen de sus copias en cerámica, la terra sigillata y los vasos de paredes finas, para las meses más modestas.
Para el transporte (ánforas) y el almacenaje (grandes tinajas, orzas) de alimentos (vino, aceite, conservas de pescado y carne, olivas, dátiles, fruta,…) también fue el material esencial. El vino y el aceite, nada más prensado se guardaba en enormes tinajas (dolium).
Aunque ya era conocido y empleado en periodos anteriores, a partir del siglo I d.C. se desarrolló extraordinariamente el uso del ladrillo en la construcción de toda clase de edificios, en perfecta combinación con otro elemento, el opus caementicium. Ambos permitieron el gran desarrollo arquitectónico y urbano de las ciudades del Imperio Romano.
Precisamente, uno de los primeros indicadores de la presencia romana en un asentamiento es el uso de la tegula, la teja plana, que cubría los techos de las construcciones romanas en combinación con el imbrex, la teja curva. Ninguna de ellas se encuentra en los yacimientos indígenas.
Pregunta – ¿Cuáles son las principales líneas de investigación en relación con la cerámica romana en la actualidad?
Respuesta – En los últimos años se ha asistido a un notable desarrollo de los estudios cerámicos de la Hispania romana, como dan fe multitud de publicaciones y congresos específicos, que han renovado constantemente el estado de la cuestión de muchos temas. Cabría destacar los dos volúmenes editados por iniciativa del dinámico grupo gaditano, que sintetizaron las diversas producciones hispanas. En esta dinámica, se ha creado una asociación a nivel de la península Ibérica dedicada al estudio de la cerámica romana: la Sociedad de Estudio de la Cerámica Antigua en Hispania (SECAH), que ya ha organizado tres congresos.
Recientemente, y justamente, se está priorizando la introducción de métodos y sistemas de análisis que superen, pero no excluyan, la investigación “tradicional”  (morfología, tipología, epigrafía,..). Se están dando interesantes iniciativas y pasos que han significado avances sobre la composición mineralógica y el origen de las cerámicas y sobre los contenidos y usos de los envases, lo que ayudará a calibrar mejor su incidencia en la economía de la época.
Autor
Mario Agudo Villanueva