El municipio cordobés de Cabra ha deparado una gran cantidad de hallazgos arqueológicos debido a la importancia estratégica que tenía en el pasado. Una de las investigaciones más recientes en su entorno, en el Cerro de la Merced, ha conducido a la excavación de una construcción de características muy especiales, sacada a la luz por un equipo dirigido por Fernando Quesada Sanz, director del departamento de Historia y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, uno de los mayores especialistas internacionales en armamento de la Antigüedad, quien dirige también diversos proyectos de trabajo y grupos de investigación sobre la Cultura Ibérica, entre los cuales está el que hemos abordado con él para Mediterráneo Antiguo.

Pregunta – ¿Desde qué año estáis trabajando en Cabra y quién está al frente del proyecto?

Respuesta – Estamos trabajando en campo desde el año 2012. El equipo está creado a partir de un convenio entre el Ayuntamiento de Cabra, que me pidió personalmente que me encargara de las excavaciones en el Cerro de la Merced e hicimos un convenio con la Fundación de la Universidad Autónoma. Han colaborado, además del núcleo del equipo de la Universidad Autónoma de Madrid, licenciados y estudiantes de la Universidad de Granada, de Córdoba,  y otros centros andaluces

Pregunta – ¿En qué época está datado el poblamiento?

Respuesta – Inicialmente parecía que el Cerro de la Merced era uno más de los recintos fortificados ibéricos de la Campiña y la Subbética. Fenómeno conocido desde los años 70, en los que se hablaba de las Torres de Aníbal, puntos de vigilancia que controlaban las rutas. Han ido apareciendo en prospecciones decenas, cientos de estos recintos. Se fechaban en época cartaginesa y en época romana republicana. Se han vertido ríos de tinta sobre estos recintos, pero no se ha excavado en profundidad ninguno. El problema de la prospección es que no permite determinar si es ibérico, ibérico-romano o de qué época. Una corriente reciente decía que la gran mayoría de estos recintos no eran ibéricos, sino granjas fortificadas de ámbito romano-republicano, asociadas al dominio agrícola del valle del Guadalquivir. Esta interpretación parecía encajar con un fenómeno parecido que se da en Extremadura y Portugal. Así estaba el estado de la cuestión, entre  quienes consideran que había una tradición más antigua, otros que los centraban entre el ibérico tardío y  época republicana, y quienes pensaban en una explotación agrícola de época romana.

Impresionante aspecto del alzado de los muros del yacimiento del Cerro de la Merced. Foto: UAM

En este contexto comenzamos a excavar el Cerro de la Merced, que parecía uno más de estos recintos. La sorpresa ha sido que lo que ha salido obliga a leer las cosas de otra manera. Después de cuatro años de excavaciones, a media de un mes y medio cada año, ha resultado ser un yacimiento culturalmente ibérico. Apenas hay materiales romanos. Arquitectónicamente la técnica de trabajo es ibérica, pero todo ello se fecha, década arriba década abajo, en torno al año 100 a.C. Es un recinto fortificado que ha resultado ser mucho más grande, más complejo, que una mera atalaya o recinto pequeño de vigilancia, porque tiene dos grandes perímetros fortificados, y una escalinata monumental en piedra que comunica el recinto inferior con el superior. El muro del recinto interior y principal tiene cuatro metros de espesor, con alzado de 2 metros en algunos puntos, de tipo ciclópeo, y una estructura interna con habitaciones, dos plantas, un total de diez habitaciones diferentes, hecho con una gran regularidad… Es decir, un recinto doble, con una escalinata de comunicación entre los dos, muros ciclópeos, enlosados de piedra en las habitaciones con lajas de hasta un metro, no es una atalaya, ni una granja, ni un cortijo. Tampoco es exclusivamente  militar, porque hemos encontrado molinos, almacenes, pesas de telar (fusayolas), es decir, evidencias de actividad textil, también armas. Es la fase siguiente a la destrucción del cercano Cerro de la Cruz (Almedinilla), destruido violentamente hacia el 141 a.C.

Parte del equipo trabajando a pie de excavación. Foto: UAM

Otro detalle interesante es que el Cerro de la Merced no es una atalaya porque no está colocado para dominar visualmente un gran espacio, por el contrario, lo que se edifique en su cima está pensado para ser visto desde el llano. Está en una ruta natural que une la campiña del Guadalquivir, de Cabra y Lucena, y las sierras de la subbética. En época ibérica tardía lo interesante es que la campiña era zona controlada por Roma, pero la zona subbética estaba poblada por población ibera que vivía según el modo de vida tradicional. El Cerro está a caballo entre ambos mundos: el final de la cultura ibérica y la progresiva implantación romana. Es un fenómeno vinculado a la resistencia, por un lado, y a la asimilación progresiva de la dominación romana.

Pregunta – ¿Tiene parangón en algún otro yacimiento peninsular?

Respuesta – No, al menos que se haya excavado. Estamos usando el concepto de residencia de poder aristocrático comarcal, construido en la época en la que Roma está extendiendo sus tentáculos. Ya especulando, debió de haber un choque entre el gobernador provincial romano y este noble ibero que estaba construyendo un recinto que no gustó a los romanos. El recinto fue demolido a poco de ser construido. Por otro lado, está colocado encima de los restos de un monumento conmemorativo anterior de época ibérica, que debió existir en ese mismo cerro en época ibérica plena. El que construyó el nuevo complejo, sabía que allí había existido un monumento que se había diseñado para ser visto. Probablemente en la línea de la justificación del poder en relación con los ancestros. Los sillares y relieves de este monumento se reutilizaron en la fábrica del recinto fortificado de época posterior.

Fernando Quesada Sanz en la presentación de la pieza del mes. Foto: UAM

En un momento del siglo I, este recinto es demolido. Las esquinas son desmontadas, los bloques son echados ladera abajo. Es tan masivo, que aunque estuvo abandonado, fue ocupado por gentes que vivieron en los restos del edificio, que había dejado de ser un centro de poder. Debieron ser campesinos de la zona que ‘okuparon’ las ruinas. Hemos detectado también presencia en la Edad Media y tras el 1659 hay un saqueo a gran escala, puesto que se ha encontrado un maravedí de la época.

Pregunta – ¿Cuáles serán los siguientes pasos?

Respuesta – Ahora estamos preparando la puesta en valor. Hay un equipo de arquitectos con experiencia en época ibérica y romana que está trabajando en hacerlo visitable, para poner pasarelas, paneles explicativos… Estamos pensando en cubrirlo para evitar que se erosione y que la cubierta recuerde el volumen original.

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Autor

Mario Agudo Villanueva