El Segundo Período Intermedio, que transcurre entre las dinastías XIII y XVII es uno de los peor documentados a pesar de sus dos siglos y medio de duración. Sin embargo, se trata de uno de los períodos más impactantes en la historia del Antiguo Egipto puesto que el reino del Nilo fue dominado, en parte, por una serie de dirigentes de origen asiático que la historiografía ha convenido en bautizar como hicsos. Mediterráneo Antiguo se ha querido acercar a este período de la historia de la mano de Javier Martínez Babón, egiptólogo, actual miembro del proyecto Tutmosis III y autor del libro Los hicsos y su conquista de Egipto, editado por Dstoria.

Pregunta – Se han apuntado orígenes muy diversos para los hicsos, pues el término, que significa “gobernantes extranjeros”, no aporta mucha luz. Fenicios, amorritas, hititas, hurritas, cananeos, sirios, árabes y hasta micénicos ¿qué hipótesis cuenta actualmente con más respaldo académico?

Respuesta – En primer lugar conviene destacar que en el estado actual de la cuestión, cada vez parece más evidente que los hicsos eran descendientes de comunidades asiáticas que se habían asentado en el delta oriental a mediados de la dinastía XII. En cuanto a su origen cultural y geográfico no hay acuerdo y continúa siendo un tema ampliamente debatido. Actualmente, una de las teorías más extendidas es la de un posible origen sirio, según parecen indicar sistemas constructivos y materiales arqueológicos hallados en Tell el-Dab’a, yacimiento de gran importancia ya que se trata de la antigua ciudad de Avaris, la capital de los hicsos.

Pregunta Flavio Josefo dice que la ira de dios se cebó con su pueblo con la llegada de los hicsos ¿eran realmente un pueblo violento o no nos queda otra que interpretarlos desde las fuentes de los dominados?

Respuesta – Habría que matizar las palabras de Flavio Josefo. Manetón escribió en una época muy tardía y cuando Egipto había sufrido las invasiones de asirios y persas en el primer milenio a. C. Y éstas sí fueron violentas. Baste recordar la destrucción de Tebas llevada a término por las tropas de Assurbanipal o la ejecución de Psamético III ordenada por Cambises. Probablemente esta visión de conquistas asiáticas violentas había calado en el imaginario egipcio y Manetón la proyectó a acontecimientos más lejanos en el tiempo. A partir de aquí, Flavio Josefo la reproduciría. En cualquier caso, hoy en día la arqueología no indica que hubiera una conquista a sangre y fuego en el norte y en el centro del país, aunque debemos tener en cuenta que algunas estelas procedentes del ámbito tebano, concretamente las de Neferhotep III y Mentuhotepi, sí indican que hubo enfrentamientos militares, pero no especifican si el enemigo era hicso o kushita. Por otra parte, las heridas mortales que presenta el cadáver del monarca Senebkay, hallado en una tumba de Abydos, demuestran que hubo actividades bélicas, pero tampoco podemos afirmar que aquel soberano muriera luchando contra los hicsos. En una época de descomposición territorial como aquella, los enemigos territoriales podían ser diversos.

Tumba de Senebkay, encontrada en Abydos. Foto: Penn Museum.

Pregunta – ¿Cómo era el Egipto que se encontraron los hicsos y qué transformaciones operaron en el reino de los faraones?

Respuesta – Cuando los hicsos se apoderaron del control político, Egipto era un estado que estaba sufriendo una grave crisis política y territorial. La monarquía de la dinastía XIII, cuya capital era Iti-tauy, en el Egipto central, estaba en franca decadencia. El delta oriental se había separado hacía tiempo, formando una entidad política gobernada por los reyes de la dinastía XIV; las posesiones egipcias en Nubia se habían perdido y, según una teoría cada vez más aceptada, el territorio tebano también se había secesionado. Evidentemente, ante una panorámica tan complicada, los hicsos no tuvieron excesivos problemas en conquistar buena parte del país. No tenemos demasiados datos sobre el sistema político que implantaron aquellos monarcas hicsos pertenecientes a la dinastía XV, aunque las fuentes conservadas parecen indicar que los reyes hicsos habrían goberando directamente el delta oriental y habrían dejado que familias aristocráticas egipcias controlaran el resto del territorio en un régimen de vasallaje. En este punto conviene remarcar que hay dudas sobre si realmente llegaron a dominar todo el territorio o si la zona tebana se mantuvo independiente.

Portada del libro

 PreguntaTeresa Bedman habla de un florecimiento del comercio una vez que los hicsos se hicieron con el poder ¿qué opina de ello?

Respuesta – Hay que tener en cuenta que es muy probable que los hicsos procedieran del mundo mercantil. Los asiáticos asentados en el delta oriental se dedicaban básicamente al comercio naval y caravanero. Avaris tuvo unas grandes instalaciones portuarias y era un enclave fundamental al que llegaban variados productos procedentes de diversas partes del Próximo Oriente. Y sería precisamente el comercio lo que les permitiría tener un armamento más avanzado que el del resto de Egipto. No hay que olvidar que tradicionalmente se ha venido aceptando que los hicsos introdujeron los carros de guerra tirados por caballos, nuevas modalidades de espadas y arcos compuestos.

Pregunta – ¿Qué propició el final de los hicsos?

Respuesta – Habida la cuenta de que no se conservan demasiados materiales sobre aquella época, es difícil indicar cuál fue el desencadenante de su final. En el ámbito del Próximo Oriente asiático hubo cambios en el mapa geopolítico sirio que pudieron afectar a sus redes comerciales, y en Egipto la resistencia tebana provocó una guerra abierta en tiempos del rey Ipepi. Los avances tebanos, explicados en las célebres estelas del rey Kamose, parecen indicar que los hicsos no eran ninguna potencia militar de primer orden. Los tebanos acertaron en la estrategia de controlar el río y los puntos estratégicos de las rutas del desierto, en tanto que los hicsos se fueron replegando tras ver cómo se hundía su sistema defensivo en el Egipto central y fracasar en su iniciativa de conseguir un pacto con los kushitas del sur. Finalmente, el último reducto sería Avaris, defendida por  canales y fortificaciones, aunque acabaría cayendo en poder de las tropas tebanas del rey Ahmose.

Estela de Ipope. Neues Museum Berlín. Foto: Horus3

Pregunta – ¿Qué legado nos ha quedado de ellos?

Respuesta – Los vencedores tebanos pretendieron erradicar todo rastro de la presencia hicsa en Egipto. Sin embargo, la situación de cierta inestabilidad a causa de un país dividido, el origen foráneo de la monarquía hicsa y la guerra final generaron una serie de cambios en la monarquía tebana que, obviamente, se observarían en los tiempos del Imperio Nuevo. Egipto perdió la sensación de invulnerabilidad que había tenido en tiempos anteriores y ello se reflejaría en la necesidad de un ejército profesional dotado del armamento más avanzado de aquella época. Y en aquel marco, el rey se convertiría en el primer guerrero del país, incluso con el riesgo de caer en combate, como lo demuestra el cadáver del citado Senebkay o las cinco heridas mortales en el cráneo de la momia del célebre Sequenenra Taa, rey tebano que inició la guerra final contra los hicsos. Estos monarcas fueron los antecesores de grandes faraones guerreros como Tutmosis I, Tutmosis III, Amenofis II, Seti I o Ramsés II. También es destacable que, debido a las ausencias del rey, la reina adquirió un protagonismo político destacado. Grandes reinas tebanas como Tetishery, esposa de Sequenenre Taa, o su hija Ahhotep, abrieron el camino político a Hatshepsut, Teye o Nefertiti. Se trata de una serie de consecuencias indirectas, a las que podríamos añadir la proyección de Egipto hacia el Próximo Oriente asiático, tras la reunificación del país, con un claro objetivo económico por apropiarse de ricos núcleos comerciales cananeos. Aquella expansión cristalizaría en tiempos de Tutmosis III cuando la frontera del imperio egipcio llegaría hasta Siria central.

Autor 

Mario Agudo Villanueva