Entrevista con Laura Sancho: “corregir o limitar los efectos de la demagogia fue un reto cardinal en la democracia antigua”

El establecimiento de la democracia ateniense es uno de los hitos de nuestra historia política. La génesis de este sistema de gobierno se remonta a un período de terrible conflictividad social, en el remoto siglo VI a.C. Desde entonces, un largo recorrido de conquistas llevaron a los ciudadanos de la polis a ganar su merecido voto en la asamblea. Laura Sancho Rocher, catedrática de Historia Antigua de la Universidad de Zaragoza, acaba de publicar El nacimiento de la democracia. El experimento político ateniense (508-322 a.C.), editado por Ático de los Libros. Hablamos con ella sobre su libro y sobre uno de los períodos más apasionantes de la historia de Occidente.

Pregunta – “La mayoría era esclava de la minoría”, nos dicen las fuentes sobre la tensión social que condujo a las reformas de Solón ¿hasta qué punto la situación en Atenas había llegado a ser tan insostenible como para que la aristocracia realizara concesiones políticas?

Respuesta – Para épocas tempranas —Solón legisló a principios del s. VI a.C.— hemos de informarnos, a menudo, en fuentes muy posteriores, como es el caso de la Constitución de los atenienses de Aristóteles (320s a.C.), de donde procede la expresión que usted menciona. Pero, a finales del s. IV a.C., los poemas de Solón y su legislación eran aún accesibles y Aristóteles los pudo consultar. La situación corresponde a una crisis de cambio de modelo económico y social. Seguramente el término “esclavo” que emplea Aristóteles hay que entenderlo aquí de forma muy genérica: quiere decir que los integrantes de la mayoría con menos recursos eran dependientes de una minoría de ciudadanos acaudalados; y, más en concreto, estaban ligados por “deudas” o por arrendamientos muy desventajosos. Solón entendió que una tendencia a la acumulación ilimitada de riqueza podía hacer peligrar el equilibrio politano. La polis era una entidad frágil, dada la ausencia de estructuras de estado como las modernas. La acción de árbitro y legislador de Solón no es muy distinta a la de otros legisladores de muchas otras ciudades; todos ellos trataban de procurar que la propiedad no se acumulara a través de matrimonios y herencias. Pero Solón añadió a eso la prohibición de que un ateniense perdiera su estatuto de libre por una deuda y ese hecho transformó la comunidad cívica.

Papiro que contiene la Constitución de los Atenienses. Biblioteca Británica. Papiro 131. Foto: Wikimedia Commons.

Pregunta – Clístenes realizó reformas decisivas en la consolidación del nuevo sistema de gobierno. Para conseguir el éxito, trató de reconciliarse con el demos y, dentro del demos, buscó atraer el favor del plethos, la multitud que aspiraba a disponer de la consideración de ciudadano ¿en qué medida lo consiguió?

Respuesta – Demos puede significar, según el contexto, tanto la polis en conjunto como una parte, la mayoritaria y con menos recursos económicos; cuando se habla del demos en el que Clístenes buscó el apoyo se alude, más que nada, a la mayoría. Plêthos, etimológicamente, significa ‘lo que está lleno’, y, por derivación, “una muchedumbre”. No tiene por qué aludir a las clases bajas en exclusiva. Cuando en griego se quiere dejar claro que se habla de una parte de la ciudadanía, la mayoritaria y con menos recursos, se suele utilizar la expresión “los muchos” (hoi polloí); y si el objetivo es utilizar una palabra despectiva, óchlos es la adecuada.

Tanto Heródoto como Aristóteles dicen que Clístenes ‘puso al demos en su hetería’ (grupo de afines), indicando que transformó las luchas por el poder entre los aristócratas, que se basaban en apoyos de amigos (phíloi), en un conflicto en el que el demos (como ‘mayoría’, pero también ‘polis’) desempañaba un papel decisivo. Sus reformas fueron muy exitosas ya que, desde 508 a 322, el Consejo por él creado, sobre la base de una distribución territorial de los ciudadanos, preparaba la Asamblea y hacía público antes de su celebración el orden del día que nadie podía saltarse. Nada que no hubiera sido introducido en la agenda por el Consejo podía ser sometido a deliberación y voto en la Asamblea.

La pertenencia rotativa al Consejo hacía que prácticamente todos los ciudadanos pasaran un año de su vida de consejeros, lo que los convertía, en cierto modo, en expertos y, evidentemente, en ciudadanos activos.

Pregunta – Solón, Clístenes, Pericles. Un nombre aparece tímidamente entre estos grandes impulsores de la democracia: Efialtes ¿qué sabemos de este personaje y de su contribución política?

Respuesta – De Efialtes sabemos muy poco: apenas una breve noticia de su relación política con el joven Pericles y que, tras hacer aprobar sus reformas, fue asesinado (462 a.C.), lo que remite a una cierta stásis (conflicto político). Pero conocemos sus medidas que, a menudo, son interpretadas como el inicio de la democracia denominada “radical”. Para algunos incluso constituirían el momento inicial de la democracia. En resumen, la medida que introdujo en 462 consistía en que el antiguo Consejo del Areópago, un Consejo integrado por exarcontes, perdiera el control judicial sobre los intentos de derrocamiento de la constitución, así como sobre la supervisión del ejercicio de las magistraturas. Se suele atribuir a este Consejo una inclinación conservadora por el hecho de que sus miembros, vitalicios, habían ejercido todos el cargo de arconte, la magistratura más antigua y prestigiosa en Atenas. Pero se da la circunstancia de que, poco después de ser aprobada su reforma, desde 458, empezaron a llegar al arcontado hombres de la tercera (zeugitas) y, finalmente, de la cuarta clase (thetes), lo que significa que la composición del Areópago fue dejando de ser elitista. El Areópago, no obstante, al ser una institución de pertenencia vitalicia podía en momentos críticos asumir responsabilidades de tipo político o judicial.

Las reformas del año 462 dieron paso a la aparición de los tribunales populares y, desde mi punto de vista, forman parte de una línea de acción coherente en la que se inscriben también la generalización del sorteo de los cargos y las indemnizaciones por servicios políticos, mecanismos ambos básicos para incrementar la participación de todos los ciudadanos.

Restos arqueológico de la sede de los tribunales de justicia atenienses, Heliaia, situados en el ágora. Foto: Mario Agudo Villanueva

Pregunta – Tucídides pone en boca de Pericles el término “democracia” en uno de sus discursos fúnebres. Algunos autores han llamado la atención sobre el uso de la palabra kratos, que implica una idea de fuerza bruta, en contraposición a arché ¿a qué se debe, en su opinión, este matiz?

Respuesta – Democracia es la denominación tradicional del sistema de gobierno de Atenas, pero hay que decir que aparece tarde en el tiempo. La generalización de su uso es contemporánea de la del vocablo, también nuevo, oligarquía (poder de los pocos). Ambos se hacen comunes en la segunda mitad del s. V a.C. que es cuando se plantea la contraposición entre las dos formas constitucionales. Pero, mientras oligarquía copia el sufijo “arché” del término monarquía (sinónimo de tiranía), democracia se construye sobre el concepto de krátos que, tal vez, indique más que la fuerza en sí, la soberanía. Cuando el demos tiene la soberanía nadie ejerce el poder sobre nadie; con ello se estaría diciendo que democracia no es el poder del demos (una parte) sino del demos en el sentido de la polis en su conjunto. No deja de ser llamativo que los oligarcas creen el término aristokratía (el gobierno de los mejores) para hacer más tolerable su propuesta de adjudicarse todo el poder. También es significativo que Tucídides subraye la evolución del poderío ateniense, entre 478 a 431, como el paso de una hegemonía sobre aliados iguales a una arché (imperio) sobre vasallos o súbditos.

Pericles en su discurso fúnebre de 430 —único discurso fúnebre suyo conservado por entero— dice que el sistema de Atenas es una democracia porque se gobierna a favor, no de pocos (olígoi), sino de la mayoría (pleíones). Esta definición plantea un problema: ¿está diciendo Pericles que los muchos gobiernan sobre los pocos? Esa sería una comprensión sectaria de la democracia; es la que sostiene un panfleto oligárquico contemporáneo (Pseudo Jenofonte). Personalmente opino que Pericles no dice eso; puesto que un poco más adelante, hace hincapié en que en Atenas no se otorga ventaja al nacimiento ni a la riqueza; y lógicamente tampoco a lo contrario. Como muchas veces, incluso hoy día, cuando hablamos de la mayoría no excluimos a ningún grupo o individuo. Así que en boca del gran líder del siglo V, la demokratía aparece como un régimen novedoso e inclusivo.

Explanada situada frente a la tribuna de oradores de la Pnyx. Foto: Mario Agudo Villanueva

Pregunta – ¿En qué medida contribuyeron, si es que lo hicieron de algún modo, las Guerras Médicas a la consolidación de la democracia ateniense?

Respuesta – Cuando Atenas fue atacada en 490 (batalla de Maratón) por las huestes de Darío, la democracia tenía ya casi dos décadas de andadura. Entonces, Datis y Artafernes seguramente no tenían más objetivo en la parte europea del Egeo que Eretria y Atenas que eran las dos ciudades que habían ayudado en la rebelión jonia (499-494 a.C.). Diez años después, durante la campaña de Jerjes, que sí pretendía conquistar toda Grecia, los atenienses lucharon al lado de los miembros de la Liga del Peloponeso, a las órdenes de Esparta, y aportaron más de la mitad de las naves griegas. De ese modo mostraron no ser inferiores a sus aliados lacedemonios. Tanto la victoria de Maratón, como la naval (ésta, compartida) de Salamina (480) reforzaron el orgullo nacional y sirvieron a los atenienses para hacer valer sus “servicios” a la Hélade. El propio sistema democrático, puesto a prueba, salió vigorizado. Obviamente que una ciudad en la que las decisiones las tomaba una Asamblea popular fuera capaz de estas gestas, reforzaba al sistema político; y una victoria conseguida en el mar —aunque Salamina no fuera una victoria solo de Atenas— concedía crédito a los que remaban en las naves, los ciudadanos más humildes. Por otra parte, en el plano internacional, el abandono de Esparta de la prosecución de la guerra para liberar el Egeo del yugo persa, dio alas a la ambición imperialista de la ciudad democrática. A través de una Confederación naval de ciudades, básicamente las que tenían costa en el Egeo, Atenas se convirtió en una potencia imperialista y democrática con creciente poder a lo largo de cincuenta años.

Subida a la Acrópolis a través de los Propileos. El programa arquitectónico impulsado por Pericles refleja el esplendor de la polis en el siglo V a.C. Foto: Mario Agudo Villanueva.

Pregunta – La mujer ateniense era transmisora de los derechos políticos, pero no tenía voz en lo asuntos públicos. Explique, por favor, las razones de esta aparente paradoja.

Respuesta – Podemos llamarlo paradoja, pero las mujeres no han tenido voto en la mayor parte del mundo occidental hasta hace prácticamente cuatro días. Es simplemente un hecho, felizmente superado, al menos, en el mundo occidental. Y hay que reconocer que los cambios de mentalidad tardan más en imponerse que los avances técnicos. Así que no debe extrañarnos que en Atenas tampoco las mujeres pudieran participar en el gobierno. A las mujeres se les encomendaba el cuidado del oîkos (la hacienda y la familia), pero no se las consideraba capaces de opinar de lo más importante, de las cosas de la polis. Por tanto, la economía (administración del oikos) era tema femenino, algo en lo que las mujeres eran diestras. Hay algún indicio de que en ciertos ambientes “intelectuales” (Aristófanes, Platón) se empezaba a contemplar a las mujeres como iguales en casi todo (salvo en la fuerza física) a los hombres, y capaces de gobernar. No obstante, me temo que la mayoría democrática no hubiera visto con buenos ojos a una mujer en el poder, como tampoco vio con buenos ojos la posibilidad de naturalizar a los extranjeros residentes o abolir la esclavitud. Hay que subrayar que el hecho de que se afianzara la democracia en Atenas no hacía al demos menos conservador.

Pregunta – La Guerra del Peloponeso minó los principios de la democracia ateniense ¿cuáles fueron los motivos de su ocaso?

Respuesta – Yo no creo que la guerra del Peloponeso acabara con la democracia. Desde luego que los fracasos bélicos dieron pábulo a la idea de que el demos no sabía conducir la ciudad hacia la victoria, igual que los éxitos contra el Medo habían llevado a la conclusión contraria. Pero los comportamientos de las dos oligarquías de finales de la guerra (411 y 404/3) desacreditaron el pretendido gobierno de los mejores y reforzaron los apoyos al sistema democrático. Además, tras la guerra civil entre el demos y los Treinta, se introdujo una amnistía muy generosa que el demos respetó en sus grandes líneas. La restauración democrática de 403 se realizó tomando nota de las debilidades mostradas anteriormente por el propio sistema. Se mejoró el procedimiento legislativo y el control sobre la presidencia de la Asamblea y, lo que no es menos importante, se estigmatizó incansablemente a través del discurso político la imagen negativa de los oligarcas identificados plenamente como tiranos.

Pregunta – Isegoría, isonomía, eunomía fueron principios inspiradores de la democracia ateniense, pero todavía tienen un eco determinante en pleno siglo XXI ¿qué lección podemos sacar a día de hoy de aquel pionero sistema de gobierno?

Pregunta – Isonomía es tal vez el término que acompañó las reformas de Clístenes. Su significado real es el de “reparto igual” [de la participación política], ya que está formado por el prefijo íson (igual) y el verbo némesthai (repartir). Seguramente el concepto se construyó por analogía con el arcaico de eunomía que ya publicitaron legisladores del s. VI a. C. (Licurgo de Esparta y Solón de Atenas). Eunomía significaría “buen reparto” (eu = buen) político, porque una eunomía se tenía que basar en el respeto de la jerarquía social tradicional. Con todo, tuvo siempre ecos positivos porque también se leía como “buen orden”. Isegoría llega, a veces, a suplantar por metonimia al término demokratía. Significa el derecho igual a hablar en el ágora (agoreúo) o Asamblea, es decir, derecho a que la opinión política de cualquiera pudiera oírse en el foro público, donde tenía capacidad de influir.

La isegoría a menudo erróneamente se equipara a la actual libertad de expresión. Sin embargo, me gustaría dejar claro que el demos ateniense no aprobaba que en la Asamblea se dijera cualquier cosa; ese tipo de franqueza o desinhibición era la parresía, una actitud más propia del intercambio de ideas en grupos reducidos o de la irreverencia de la comedia. Las injurias a los dioses, las dudas acerca del sistema político o las interpretaciones torticeras de la historia de Atenas no eran aceptables para la mayoría. No se debe olvidar que Sócrates fue acusado de “no creer en los dioses en los que la ciudad cree”.

Portada del libro de Laura Sancho

La pregunta acerca de las lecciones que podemos sacar de la historia democrática de Atenas requeriría de una reflexión larga. Valga decir que la historia nos enseña porque de los errores hay que aprender; pero que copiar el pasado no suele ser buen consejo. Voy a nombrarle, no obstante, un par de efectos o hábitos positivos de la demokratía que, con todo, podrían dar pie a consecuencias no tan deseables.

Los ciudadanos atenienses eran muy conscientes —creo que más que actualmente— de la necesidad de controlar a los poderosos, especialmente si ejercían cargos o podían ser influyentes en la Asamblea (los oradores/políticos). Concretamente, la mentira, si traía consecuencias negativas para la ciudad, era severamente castigada; los delitos diplomáticos, militares y económicos, también. La persecución judicial de estos delitos conllevaba penas altísimas, y hay que añadir que no existían las garantías judiciales modernas y los riesgos de error e injusticia eran grandes cuando los sentimientos eran explotados ilegítimamente.

Los efectos del hecho de que la ciudadanía tomara parte activa en el gobierno eran la adquisición de conocimientos sobre la marcha de la ciudad y la asunción de responsabilidades. Se trata de algo muy loable, pero esa hiperactividad, con todo, a veces era manipulada por políticos ambiciosos que en lugar de pensar en el bien común, se promocionaban a sí mismos ante las multitudes asamblearias. Corregir o limitar los efectos de la demagogia fue un reto cardinal en la democracia antigua.

Autor

Mario Agudo Villanueva


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