Santa Sofía en la encrucijada

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El pasado viernes supimos que el Consejo de Estado (Danistay), equivalente turco al Tribunal Supremo español, dictaminó que Santa Sofía, que gozaba del estatus de museo desde su secularización en 1934, podía convertirse en mezquita. Acto seguido, el presidente Erdogan, colocó el monumento bajo la tutela de la Dirección de Asuntos Religiosos (Diyanet) para iniciar así su apertura al culto. El presidente hizo una comparecencia pública por televisión a las 20:53, hora local, aparentemente caprichosa, pero muy simbólica: coincide con las cifras del 600 aniversario de la conquista de Constantinopla (1453-2053). Durante su intervención anunció que el ansiado momento llegaría el 24 de julio.

Santa Sofía. Foto: Jaime Agudo Villanueva

Aunque algunos miembros del gabinete de Erdogan han llamado a la tranquilidad, asegurando que esta decisión no afecta en absoluto a la situación del templo, la comunidad internacional se muestra recelosa. El presidente de la Asociación Internacional de Estudios Bizantinos, John Haldon, que agrupa a académicos, profesores, investigadores y estudiantes de más de 40 países, remitió una carta a finales de junio al máximo mandatario turco para instarle a que reconsiderara su decisión (para leer el contenido de la carta pincha aquí). Por su parte, la UNESCO ha hecho pública su preocupación y ha instado al gobierno turco a que mantenga la condición de museo con la que, hoy por hoy, Santa Sofía sigue inscrita en el listado del Patrimonio Mundial de la Humanidad (lee aquí la declaración oficial).

Cristo Pantócrator. Mosaico de la Déesis. Foto: Wikimedia Commons

El nombre original de Santa Sofía era Ναός τῆς Ἁγίας τοῦ Θεοῦ Σοφίας, es decir, “Iglesia de la Santa Sabiduría de Dios”. Nosotros la conocemos por la transcripción fonética latina de la palabra griega Σοφίας, “Sofía”, que significa “Sabiduría”. Se inauguró en el año 360, aunque la mayor parte del edificio actual es fruto de una reforma ordenada en el año 532 por Justiniano, ejecutada por el arquitecto y físico jonio Isidoro de Mileto y el matemático y arquitecto lidio Antemio de Tralles. Era el tercer templo de la Sabiduría que se levantaba en el mismo emplazamiento. Hasta 1453 fue catedral ortodoxa bizantina, salvo un breve lapso durante el patriarcado latino. Con la caída de Constantinopla, se convirtió en mezquita, función que mantuvo hasta su secularización y conversión en museo ya en el siglo XX.

La preocupación internacional es evidente. El futuro de los iconos que alberga en su interior es incierto, puesto que el Islam no admite imágenes en el culto. En el interior de Santa Sofía se encuentran algunos de los mosaicos bizantinos más celebrados, como el Déesis, en el que destaca la figura del Χριστός Παντοκράτωρ, “Cristo Pantócrator”, del siglo XIII. Una maravillosa imagen de Jesús, que porta en una mano las Sagradas Escrituras, mientras que con la otra hace la señal de la bendición. Su mirada es intensa e interpela a quien le observa para abrirle a un mundo profundamente inmaterial, como afirmaba el gran estudioso del arte cristiano Jaime Cobreros (Arte Bizantino. Transfiguración de lo real, 2013).

Desde que Mustafa Kemal Atatürk, padre de la Turquía moderna, secularizara el templo, muchas han sido las voces que han tratado de convertirlo tanto en lugar de culto cristiano como musulmán. El talante populista y abiertamente confesional de Erdogan ha decantado la balanza. En sentido inverso, la polémica nos recuerda a la vivida en España con los usos religiosos de la mezquita de Córdoba, si bien en este caso no hay que temer por una pérdida patrimonial, ni restricciones de acceso de ningún tipo.

Es paradójico que estas grandes obras del arte universal hayan sido levantadas en nombre de la fe y sea la propia fe -o la política que se sirve de ella- la que haga temer por su futuro una y otra vez. Vivimos tiempos de populismos sin escrúpulos, de fanatismos casi nihilistas, de postureos que pueden resultar caros. Solo queda esperar que esta nueva encrucijada a la que se enfrenta la milenaria Santa Sofía no suponga una amenaza contra la integridad de un edificio que ha sido el hogar de diferentes confesiones a lo largo de su dilatada historia.

Autor

Mario Agudo Villanueva

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Fujur dice:

    Su reconversión en mezquita no es más que populismo. Santa Sofía es un monumento universal y para la Humanidad, el status de museo es el que más le corresponde. La “reislamización” de Turquía va en contra de la modernidad. Quizá no sean Europa pero sí Occidente, y estos comportamientos no conducen a nada.

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