Diego Garrocho es doctor en Filosofía Moral y Política, profesor ayudante del departamento de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid y un consumado especialista en Aristóteles. La influencia del pensador de Estagira a lo largo de la historia ha sido determinante, por lo que desde Mediterráneo Antiguo hemos querido finalizar la temporada con una revisión cualificada de su trayectoria.

Platón y Aristóteles en el centro de la escuela de Atenas. Fresco. Rafael Sanzio. Museos Vaticanos. Roma.
Platón y Aristóteles en el centro de la composición del fresco de la escuela de Atenas. Rafael Sanzio. Museos Vaticanos. 

Pregunta – Aristóteles se inicia en la Academia de Platón. La cuestión de las relaciones doctrinales entre ambos no ha dejado de generar debate historiográfico ¿cuál es el estado de la cuestión a día de hoy?

Respuesta – Existe una intuición escolar que intenta ordenar a Platón y Aristóteles a partir de su disenso u oposición. Como estrategia explicativa puede resultar útil y es indubitable que existe una fractura entre la manera de interpretar y resolver los problemas filosóficos en uno y otro autor. Por todos es conocida la célebre cita amicus Plato sed magis amica veritas… Una sentencia que creo que dice más de las relaciones de discipulado en general que de la relación intelectual que pudiera darse entre Platón y Aristóteles. Durante muchos años, especialmente a partir de la influencia de W. Jaeger, se ha intentado operar una reconstrucción evolutiva del pensamiento aristotélico que partía de unas etapas de clara inspiración platónica en sus escritos de juventud hasta un desarrollo más personal e independiente como el que encontraríamos, por ejemplo, en Acerca del alma. Creo que la preocupación de los investigadores posteriores, tanto en el ámbito anglosajón (Anthony Kenny, Jonathan Barnes, Myles Burnyeat, Sarah Broadie, Nussbaum) como en el francés, alemán o italiano (pienso en P. Aubenque, P. Pellegrin, A. Laks…) ha mostrado otro tipo de orientaciones. La visión lineal ascendente o incluso la aspiración a establecer una coherencia impostada sobre un corpus tan grande como el aristotélico nos ha hecho, quizá, ser más libres a la hora de encontrar nuevas fuentes de tensión o coincidencias insospechadas entre un autor y otro. Personalmente me siento muy próximo a aquellos que defienden que, en efecto, Aristóteles era un platónico heterodoxo pero, después de todo, el primero de los neoplatónicos. En este sentido la hermenéutica contemporánea y el propio cuestionamiento de la idea de autor, obra y legado, creo que nos pueden alumbrar nuevas vías de acceso al legado de estos autores.

Personalmente me siento muy próximo a aquellos que defienden que, en efecto, Aristóteles era un platónico heterodoxo pero, después de todo, el primero de los neoplatónicos.

Estagira
Vista de parte de la península Calcídica desde las murallas de Estagira, ciudad natal de Aristóteles. Foto: María Eugenia Francisco.

Pregunta – El estagirita recupera el estudio de la physis, un tanto olvidado desde los presocráticos ¿podemos considerarle la culminación de la trayectoria de todos estos precursores?

Respuesta – Me encantaría poder dar una respuesta de “sí” o “no” a esa pregunta aunque, probablemente, no tenga una respuesta definitiva. Lo que sí creo que puede defenderse con claridad es que Aristóteles estaría encantado de que se le interpretara como el autor que culmina, condensa y perfecciona la herencia de sus precursores. Es curioso, en muchos momentos de su obra Aristóteles adelanta una panorámica histórica sobre el problema que está investigando para, después, precisar su aportación concreta al problema en cuestión y que, habitualmente, considera resuelto con su planteamiento singular. Esta actitud (iterada después tantas veces en la historia de la filosofía) puede interpretarse cómo una vanidad o, al contrario, como una cortesía en la que un científico revisa todas las opiniones precedentes para evaluarlas de modo crítico antes de aportar una solución que aspire a ser definitiva. En cualquier caso no sé si Aristóteles es un autor consagrado al estudio de la physis, me resultaría menos problemático afirmar que su verdadero objeto de fascinación (y está íntimamente ligado) es el cambio y el movimiento.

Pregunta – ¿En qué medida influyó en Aristóteles el hecho de que su padre fuera médico de la corte real macedonia?

Respuesta – A día de hoy no podemos estar seguros de que, en efecto, su padre fuera médico ni que asistiera en la corte real de Macedonia. Al menos así lo defienden autores tan sólidos como Carlo Natali. Existe una antigua creencia, que quizá debamos a Hermipo de Esmirna, que convirtió a Aristóteles en el hijo de un médico y, posteriormente, Diógenes Laercio, acrecentó hasta vincular a su padre, Nicómaco, con Amintas, el rey de Macedonia. Como tantas leyendas sería estupendo pensar que fuera efectivamente cierto y resulta conmovedor imaginar a un joven Aristóteles vigilante de las prácticas y protocolos naturalistas de su padre. El único dato que conservamos con seguridad es el nombre de su padre, Nicómaco, y la certeza de que murió cuando Aristóteles era todavía un niño.

No podemos estar seguros de que, en efecto, su padre fuera médico ni que asistiera en la corte real de Macedonia. Al menos así lo defienden autores tan sólidos como Carlo Natali.

Pregunta – La ciudad es el espacio ideal para que el individuo pueda alcanzar la virtud gracias al imperio de la ley, que emana de la constitución promulgada por los legisladores ¿en qué medida este planteamiento aristotélico considera la responsabilidad individual de cada ciudadano?

Respuesta – No creo que exista una colisión entre la responsabilidad individual aristotélica y su comprensión de la pólis. La ciudad, entendida esta como un conjunto de individuos que comparten un sistema normativo es una condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo de la virtud. Incluso las derivas más contemporáneas que han tratado de capitalizar el pensamiento político aristotélico han sabido conjugar ambos extremos; pienso, por ejemplo, en la relación entre el republicanismo y ciertas formas de liberalismo. Creo, además, que Aristóteles es un autor que preludia una forma muy actual de comprender la subjetividad moral y política, especialmente en lo que respecta al mérito y la responsabilidad (por más que estos términos estuvieran ausentes en su léxico). La ciudad es el terreno de juego donde la vida puede hacerse verdaderamente humana, donde podemos desarrollar la más óptima de nuestras posibilidades y alcanzar nuestro fin más propio. En caso de que esa condición o umbral no se dé, sencillamente no nos sería imputable el no desarrollo de la mejor de nuestras posibilidades.

Aristóteles es un autor que preludia una forma muy actual de comprender la subjetividad moral y política, especialmente en lo que respecta al mérito y la responsabilidad (por más que estos términos estuvieran ausentes en su léxico). 

ninfeo
Ninfeo de Mieza. Según las fuentes, Aristóteles impartió sus clases a Alejandro en este lugar. Foto: María Eugenia Francisco.

Pregunta – Para Aristóteles el hombre ha de buscar de la felicidad ¿cuál es su visión de este concepto?

Respuesta – Existen toneladas de literatura consagrada a desentrañar una definición transitable y manejable de la eudaimonía aristotélica. Sería muy aventurado, casi osado, brindar una definición que intente resumir todos los matices que ese concepto implica. Sí se pueden apuntar algunos rasgos que hacen de la eudaimonía una noción especialmente inspirada y hasta casi seductora. El primero de ellos es que no es un estado, no es un lugar al que se llega ni un deleite en el que abandonarse sino que tiene que ver con la praxis, con el hacer. La eudaimonía es una posibilidad exclusivamente humana, una forma de vivir comprometida con ciertas formas de acción que acaban redundando en el más perfecto y duradero de los placeres. Ese compromiso con la duración (recordemos que Aristóteles asume la felicidad como algo vinculado con una vida completa y perfecta) nos vuelve a exhibir un rasgo eminentemente platónico. Aunque el Estagirita dijera que el blanco no es más blanco porque dure más tiempo, parece que su forma de comprender el placer y el bien sí establece una relación proporcional con la duración y el carácter completo de esta forma de felicidad.

La eudaimonía no es un estado, no es un lugar al que se llega ni un deleite en el que abandonarse sino que tiene que ver con la praxis, con el hacer. Es una posibilidad exclusivamente humana, una forma de vivir comprometida con ciertas formas de acción que acaban redundando en el más perfecto y duradero de los placeres.

Pegunta – Se tiende a confrontar la visión helenocéntrica de Aristóteles con el cosmopolitismo de su discípulo Alejandro ¿estamos ante un tópico historiográfico o realmente este puede ser el punto de fricción que parece que deterioró la relación entre ambos?

Respuesta – Aquí, de nuevo, tengo muy poco que decir ya que en lo que respecta a personajes como Alejandro la historia y la ficción parecen solaparse en muchos momentos y, concretamente, la relación entre Aristóteles y Alejandro es uno de esos capítulos de la historia especialmente fecundos para la fabulación. No estoy seguro de que Aristóteles fuera un autor helenocéntrico ni de que Alejandro Magno pudiera destacarse como un cosmopolita. Puestos a especular es más que probable que el deterioro de aquella relación se debiera a cuestiones menos nobles y muy poco conceptuales.

Pregunta – Hablemos del impacto de Aristóteles en el mundo moderno. En su opinión ¿qué aspecto del pensamiento aristotélico tuvo más impacto posterior y por qué?

Respuesta – Son muchos los elementos aristotélicos que han determinado las derivas de la ciencia y el conocimiento posterior. Si tuviera que destacar uno probablemente sería la explicación teleológica de la naturaleza: todo cuanto ocurre lo hace con vistas a un fin. Existen, naturalmente, distintos hitos en los que ese paradigma se ha ido rechazando paulatinamente y quizá la Modernidad se describa, precisamente, como una ruptura con respecto a ese viejo marco explicativo (pensemos en lapso de tiempo que dista, por ejemplo, entre F. Bacon y Darwin). Con todo, tal vez sea un cierto ejercicio de la auctoritas epistémica el sello que con más vehemencia debemos a Aristóteles. La tentación de sacralizar un legado, un conjunto de doctrinas o la autoridad de un maestro, es un rasgo o un vicio especialmente insistente en la tradición aristotélica.

Son muchos los elementos aristotélicos que han determinado las derivas de la ciencia y el conocimiento posterior. Si tuviera que destacar uno probablemente sería la explicación teleológica de la naturaleza: todo cuanto ocurre lo hace con vistas a un fin.

Pregunta – ¿Podemos decir que la filosofía y la ciencia moderna se han planteado con o contra Aristóteles, pero nunca sin él?

Respuesta – Si por ciencia moderna entendemos la Modernidad en términos historiográficos, sin duda, y podríamos decir que preferentemente se construyó frente, cuando no contra, Aristóteles. La revolución científica y epistémica de la modernidad tiene que ver con un gesto de emancipación con respecto al dominio tradicional que había ejercido el aristotelismo. La Querelle de los antiguos y los modernos, las innovaciones de Lope o La Nueva Atlántida son síntomas de un mismo gesto de ruptura con una herencia marcada por el aristotelismo. Tal vez, de un modo más silente y prudente, la verdadera revolución había acontecido ya en el siglo XV con el desarrollo de la filología y la recepción crítica y desprejuiciada del legado clásico. Si, por el contrario, con “ciencia moderna” queremos significar el desarrollo actual de la ciencia existen algunas áreas como la psicología positiva que de un modo tangencial y algo superficial sí han querido aproximarse a la herencia aristotélica pero creo que esa capitalización tiene algo de artificio y mucho de nostálgico. La hiperespecialización de las distintas áreas de conocimiento hacen que hoy sea casi imposible encontrar a un científico que conozca algo más que alguna generalidad del pensamiento aristotélico. Lo peor de todo es que, quizá, tampoco sea tan grave.

Autor

Mario Agudo Villanueva