En estos tiempos en los que tanto se habla de “nueva política”, conviene mirar hacia atrás para ver cuál era el comportamiento de los precursores de esta vieja disciplina y comprobar si realmente hay diferencias sustanciales o estamos ante poses mediáticas sin consistencia alguna. El final de la República romana fue una época convulsa, en la que diferentes personajes movieron sus piezas sobre el tablero político con mayor o menor habilidad. Uno de ellos fue Catilina, célebre por la frase que le dedicó Cicerón, en cuya biografía ha querido adentrarse Juan José Ferrer Maestro, autor del libro Catilina: desigualdad y revolución, editado por Alianza Editorial. Con él hemos querido repasar la figura de este controvertido político.

Pregunta – Desigualdad y revolución ¿han cambiado poco las cosas desde la República romana hasta nuestros días?

Respuesta – La desigualdad ha existido desde los inicios de la civilización urbana, y las revoluciones o intentos de acabar con ella han estrechado una parte de la brecha que la caracteriza, pero nunca han acabado con ella. Las cosas, como dices, han cambiado en los aspectos sociales generados por el progreso tecnológico y científico, favoreciendo una mejor calidad de vida y, gracias a la educación, han facilitado a un mayor número de personas la capacidad cognitiva necesaria para tomar sus propias decisiones y participar indirectamente en las decisiones de gobierno.  Pero biológicamente no hay cambios, me refiero a impulsos y deseos, especialmente la ambición y la codicia, eso que eufemísticamente llamamos condición humana. Mientras los débiles compiten entre sí para satisfacer sus necesidades más imprescindibles, los poderosos, llevados por esas pasiones, lo hacen para manipular la voluntad general bajo la apariencia de ayudar a aquellos.

Retrato de Marco Tulio Cicerón. Foto: La Túnica de Neso

Pregunta – Uno de los capítulos de su libro se llama “Hispania: expolio y vergüenza” ¿puso en práctica Roma sus capacidades para explotar los nuevos territorios en nuestra península?

Respuesta – Puse ese título para expresar con claridad el comportamiento de los poderes imperialistas. Expolio, porque fue la codicia hacia los extraordinarios recursos naturales de Hispania lo que instaló en estas tierras, no solo a los romanos, sino también a los cartagineses que, con anterioridad, habían llegado tras su derrota en la primera de las guerras púnicas. Vergüenza, porque la desmedida ambición de dinero y poder de los generales romanos llegó a extremos tan miserables como la felonía cometida por Sulpicio Galba contra los lusitanos. Un asesinato en masa cubierto de engaño y traición, una acción tan vergonzosa que provocó la aprobación en Roma de la primera ley contra los abusos de sus gobernantes en los territorios conquistados.

Pregunta – Trace brevemente un perfil de Catilina ¿cuáles serían sus rasgos más característicos?

Respuesta – ¡Uff! De Catilina se han escrito tantas barbaridades, en uno u otro sentido, que resulta difícil ser ecuánime. Empezando por Cicerón, quien para lanzar sobre él todo tipo de invectivas tuvo que reconocer, no obstante, excelentes cualidades en el personaje. Todo lo relatado en épocas posteriores toma como referencia aquellos feroces ataques, unos relatos escritos en su inmensa mayoría sin leer directamente a Cicerón o a Salustio. Sin embargo, las conclusiones deberían hacerse leyendo a sus acusadores, siguiendo con ellos el relato de lo ocurrido y desechando con tiento los excesos de vanidad del vencedor sobre el vencido.

Cubierta del libro. Foto: Alianza Editorial

No obstante, ante la pregunta debo mostrar mi opinión: Lucio Sergio Catilina fue un tipo de buen aspecto, muy seductor, capaz de arrastrar a las masas, de convencer a los más escépticos, de ganar la confianza de los líderes políticos, de enamorar y comprometer a mujeres de la aristocracia en sus objetivos. Todo ello le convirtió en peligroso enemigo de otros ambiciosos que, como él, querían lograr más y más poder. Ese fue el motivo de todas las trabas con las que se encontró cada vez que aspiraba a ganar unas elecciones. Fue también buen estratega, pero impetuoso cuando las dificultades le abrumaban, eso motivó la precipitación con la que pretendió tomar el poder por la fuerza. Y cuando inició ese camino, como todo político que desee el favor del pueblo, se puso de parte de este mediante promesas populistas y radicales. La llegada a su causa de arribistas y gentes sin escrúpulos contaminó su objetivo. Esta circunstancia enardeció los ataques de sus enemigos y estos le arrebataron el favor de las masas, prontas a cambiar de bando si las promesas llegaban ahora desde el poder consolidado.

Finalmente, en el balance general del periodo, Catilina no fue ni mejor ni peor que el resto de políticos de su época: ambiciosos, ávidos de poder y fortuna, faltos de ética y privilegiados por su estatus senatorial.

Pregunta – Todos los que hemos estudiado latín conocemos la famosa frase de Cicerón: “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?” ¿En qué contexto se produce y a qué se debe la irritación de Cicerón?

Respuesta – La frase, pronunciada en el senado el 8 de noviembre del 63 a. C., da inicio al primero de sus discursos contra Catilina, conocidos como Catilinarias. Cicerón es cónsul en ese año gracias a unas elecciones ganadas mediante engaño y traición a los pactos previamente establecidos, en cambio,  Catilina ha perdido las suyas para el consulado siguiente. Un resultado debido a las maniobras políticas y judiciales de Cicerón. De un lado, el cónsul ha retrasado convenientemente los comicios y ha establecido un control y vigilancia de los seguidores de Catilina. Esto le proporcionará información privilegiada sobre los movimientos y decisiones de aquellos. Por otra parte, hará aprobar una ley que intensifique las penas por abusos y extorsión, una ley hecha a medida para facilitar la condena de Catilina. Los delatores y espías que informan a Cicerón facilitarán el conocimiento de los planes y Catilina deberá abandonar Roma de inmediato. Es justo el inicio del gran drama final.

Pregunta – Catilina murió en la batalla de Pistoya, frente a las tropas lideradas por Antonio, ¿murió con él su ideal revolucionario?

Respuesta – Así es. Podríamos añadir al perfil de Catilina los detalles de su final. En el campo de batalla, a la cabeza de sus tropas, frente a un ejército que les superaba en número, el rebelde murió con honor. Así lo reconocieron sus propios enemigos. Por cierto,  el comandante del ejército consular fue Marco Petreyo, lugarteniente del pacato y cobarde Antonio Hybrida, un canalla sin escrúpulos, que sin embargo aprovechó la derrota de Catilina para envanecerse, haciendo suya la victoria.

 

Autor

Mario Agudo Villanueva