Los tiempos heroicos, retratados de manera magistral por Homero, han sido un referente en el estudio de la Antigüedad. El final de la Edad del Bronce todavía hoy suscita debate y plantea interrogantes que la arqueología va poco a poco desentrañando. Bernardo Souvirón, profesor de lenguas y cultura clásica y colaborador de Radio Nacional de España, ha publicado con Alianza Editorial el libro Hijos de Homero, una visión personal del alma de Occidente, que se gestó al ritmo marcado por los versos del gran aedo griego. Hemos querido conocer esta obra de la mano de su autor, con quien pudimos hablar sobre el legado homérico.

Pregunta – Usted dibuja un panorama en el que a finales de la Edad del Bronce, una cultura de corte matriarcal se vio suplantada por una invasión indoeuropea de corte patriarcal y que los ecos de esta confrontación pueden vislumbrarse en la Ilíada ¿podría explicarnos brevemente en qué argumenta esta tesis?

Respuesta – Mi hipótesis se basa en dos aspectos que, por otra parte, deben ser la base de toda argumentación en relación con el mundo antiguo. De un lado las fuentes escritas; de otro lado el registro arqueológico. En mi libro intento desarrollar ambos aspectos. Brevemente diré que desde el punto de vista de la arqueología, la clave está, sobre todo, en la isla de Creta, sede fundamental de la llamada, con razón, civilización minoica.

En efecto, el registro arqueológico de época minoica no detecta, a pesar de algunos estudios recientes sobre el tema, actividad que pudiéramos considerar como guerra. Es decir, el recurso a la violencia organizada para resolver los conflictos humanos. Esta es la razón por la que no hay murallas alrededor de los palacios, lo que claramente indica la ausencia total de preocupación de tipo defensivo. Además, el tipo de decoración es claramente de corte figurativo, sin espacio para representaciones heroicas relacionadas con la guerra. En las paredes de los palacios minoicos aparecen escenas de la vida cotidiana, paisajes submarinos, escenas de corte religioso, juegos más o menos atléticos relacionados con el toro, etc. Pero no hay guerreros, ni armas, ni escenas de violencia. Se trata de hechos increíbles en la historia posterior.

Fresco de la taurocatapsia cretense. Foto: Wikimedia Commons

Finalmente, la imagen que aparece recurrentemente en los yacimientos es la de una mujer de pechos descubiertos con dos serpientes en la mano o un felino en la cabeza. Es una imagen que conocemos como pótnia therón o ‘señora de las fieras’, el epíteto con que Homero se refiere a la diosa Ártemis.

Sin duda este esquema que acabo de describir lo más sucintamente posible fue barrido por la influencia de los poemas homéricos que, de manera realmente exitosa, transmitieron un tipo de sociedad completamente diferente, basada en el predominio del varón y en la santificación de la guerra.

Portada del libro

Pregunta – Siguiendo esta tesis ¿cabría decir que divinidades de orden terrestre fueron suplantadas por divinidades de orden celeste?

Respuesta – Esencialmente sí. Las antiguas diosas vinculadas con la madre tierra, fueron sincretizándose con figuras femeninas que se adaptaron de una manera u otra a la nueva sociedad patriarcal. La antigua triple diosa, poderosa, vinculada con los ciclos de la tierra, fundamentalmente la que los frigios llamaban Mater Kubileya, los griegos simplemente Méter (‘Madre’) y que terminó por ser reconocida bajo el nombre de Cibeles (aunque una Cibeles muy distinta a la que hoy día imaginamos), fue sustituida por otras diosas que sólo en cierta medida conservaron las características de la antigua Madre. Estas diosas son fundamentalmente Ártemis, Afrodita y Atenea, aunque hay también rastros en otras diosas.

El antiguo dios atmosférico, simbolizado por el toro, que produce la lluvia que fertiliza la tierra como si se tratara del semen del cielo, fue ensalzado a la parte más alta del panteón oficial. El antiguo toro que muge en el cielo cuando la tormenta hace caer la semilla de la lluvia sobre la Gran Madre, a la que se une en una boda sagrada (hierogamia), se convirtió en Zeus o en Júpiter, el dios supremo, el rey de los cielos, el “amontonador de nubes” como lo llama Homero. Así que, ciertamente, puede decirse que las divinidades femeninas vinculadas a la tierra fueron barridas por dioses masculinos que, de alguna manera, se vinculan con el cielo: Zeus o, incluso, Apolo (el sol).

Pregunta – En Hijos de Homero nos lleva a conocer diferentes lugares de la antigua Grecia ¿cuál de ellos destacaría por su significado?

Respuesta – Hay muchos, sin duda. Pero alguno hay que destaca e impresiona todavía. Unos están dentro de las rutas turísticas habituales; otros hay que buscarlos con un cierto afán.  Pero si debo elegir uno, yo destacaría, por supuesto, Delfos. Es un lugar que sobrecoge, que activa nuestros sentidos desde todos los puntos de vista. Aunque los restos arqueológicos desaparecieran, el paisaje de Delfos perdurará para siempre, mostrándonos el lugar en el que estuvo asentado el oráculo más importante de la antigüedad, aunque no el más antiguo. Delfos fue el santuario religioso más importante de Grecia. Es además un lugar en el que puede verse con claridad el paso de un mundo vinculado fuertemente a la tierra, a la Madre y a la mujer y otro vinculado al sol, a un dios asiático recién llegado a Grecia (Apolo) y claramente al hombre. En Delfos se esconde buena parte de la historia del mundo antiguo.

Busto de Homero. Museos Capitolinos. Fuente. Wikimedia Commons

  Pregunta – Homero nos muestra lo mejor y lo peor del género humano -y también divino- ¿está aquí el secreto de su pervivencia en el tiempo?

Respuesta – Creo que es uno de los secretos que lo han hecho perdurar a través de miles de años. Como genio no sólo de la poesía sino también de la comprensión del alma del héroe, Homero nos ha transmitido una escala de valores, un tipo de sociedad que está plenamente vigente. Más aún, que es esencialmente la misma que él nos describe en sus poemas. Homero no es sólo un poeta excepcional. Es el hombre más influyente de la historia de occidente, lo que equivale a decir, hoy día, que es el hombre más influyente de la historia. Sé que lo que digo puede parecer exagerado, pero lo digo con plena consciencia.

Pregunta – ¿Somos todavía hoy hijos de Homero?

Respuesta – Sin duda. Los valores de lo que llamamos sociedad occidental son homéricos en todos los sentidos. Incluso algunos de ellos han ido más allá de lo que Homero pudo siquiera imaginar. Lo irónico, lo dramáticamente irónico, es que aquellos y aquellas que dicen defender la igualdad entre hombres y mujeres consiguen con frecuencia lo contrario.

En mi opinión el éxito del modelo indoeuropeo de sociedad patriarcal transmitido por Homero ha ido probablemente mucho más allá de lo que sus propios inductores imaginaron pues, tres mil seiscientos años después, muchas mujeres (a cuya costa se construyó tal sociedad) han asumido e interiorizado ese modelo incluso cuando creen oponerse a él.

Autor 

Mario Agudo Villanueva