Un equipo de profesores del departamento de Prehistoria de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB), formado por Rafael Micó, Cristina Rihuete Herrada, Roberto Risch y Vicente Lull, viene trabajando desde el año 2009 en el yacimiento del Cabezo de la Bastida, en el término municipal de Totana, en la Región de Murcia. Se trata de un poblado fortificado de la cultura argárica, que fue dado a conocer por Rogelio Inchaurrandieta y Páez, un ingeniero de caminos que realizó las primeras excavaciones en 1869. El equipo, dirigido por Lull, ha sacado a la luz información tremendamente interesante, que podría hacer de este yacimiento uno de los más importantes de su época en el Mediterráneo Occidental. Nos hemos puesto en contacto con Vicente Llul para hablar de ello con más profundidad y conocer de primera mano el transcurso de las investigaciones.

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Parte del lienzo de muralla de La Bastida. Foto: Mario Agudo Villanueva

Pregunta – ¿En qué fase se encuentra la intervención arqueológica de La Bastida?

Respuesta – El “Proyecto La Bastida” (2009-2012) tiene como objetivo sentar las bases para un futuro parque arqueológico. Dicho parque presentará un formato innovador al combinar excavaciones, investigaciones especializadas en laboratorios estables a pie del yacimiento, un centro de documentación sobre la Prehistoria reciente mediterránea y, por último, una iniciativa de divulgación plasmada en un yacimiento acondicionado para su visita y un museo monográfico. Todo ello en un mismo núcleo integrado y en entorno natural a 5 km del casco urbano de Totana.

Los trabajos han contado con el apoyo de la Consejería de Cultura y Turismo de la Región de Murcia, la Universidad Autónoma de Barcelona, el Ayuntamiento de Totana y los ministerios de Industria, Comercio y Turismo, y de Economía y Competitividad. En la fase crucial del proyecto en que nos hallamos, será necesario mantener el impulso de las administraciones y organismos públicos, así como incorporar aportaciones del sector privado. La Bastida es un legado material único, multidimensional, capaz de aportar beneficios tanto para el conocimiento de una etapa crucial de la Prehistoria reciente, como para el desarrollo económico local y regional. Potenciar La Bastida, al igual que otros yacimientos y sus proyectos asociados, no ha de entenderse como un lastre económico del que conviene deshacerse, sino como una fuente de riqueza y de saber en la que hay que invertir con valentía.

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Enterramientos en una de las habitaciones de La Bastida. Foto: Mario Agudo Villanueva

Pregunta – Describa brevemente los restos encontrados

Respuesta – Los restos arqueológicos encontrados desde 2009 retratan lo que fue una capital de la Edad del Bronce argárica, una ciudad habitada ininterrumpidamente durante casi siete siglos (2200-1550 antes de nuestra era) por alrededor de un millar de personas. Las excavaciones han sacado a la luz residencias construidas en piedra de hasta 90 m2 que fueron el escenario de actividades domésticas y productivas diferenciadas, infraestructuras públicas entre las que destaca una gran balsa inserta en el trazado urbanístico con capacidad para casi 400.000 litros de agua, y una extensa necrópolis de más de dos centenares de tumbas individuales o dobles distribuidas bajo los recintos habitacionales.

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Almacén de La Bastida. Foto: Mario Agudo Villanueva

En este contexto, el reciente descubrimiento de un elaborado sistema de fortificación añade un elemento decisivo para entender el carácter urbano y la dimensión territorial e histórica de La Bastida. Constaba de una muralla de más de 2 metros de grosor levantada a base de piedras trabadas con argamasa, a cuyo exterior se adosaban torres macizas de alzado troncopiramidal y casi 4 metros de lado, distribuidas a escasa distancia entre sí. La altura original del complejo defensivo rondó los 6 ó 7 metros. Por ahora se han descubierto seis torres a lo largo de un tramo de 70 metros, aunque el perímetro de la fortificación podría haber alcanzado 300 metros. La entrada al recinto se realizaba a través de un pasillo flanqueado por potentes muros, que quedaría cerrado con portones encajados entre gruesos postes de madera. Próxima a la entrada, se abre una poterna rematada en un arco apuntado que se ha conservado completo, y que constituye un elemento arquitectónico inédito en la prehistoria europea. Es asombroso comprobar que la poterna de La Bastida prefigura en varios siglos las poternas características de las fortificaciones de las civilizaciones hitita y micénica.

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Una de las tumbas más destacadas de La Bastida. Foto: Mario Agudo Villanueva

La fortificación fue levantada de nueva planta junto con el primer asentamiento intramuros y perduró a lo largo de toda la ocupación del lugar. Ello revela una enorme concentración de poder en un momento inicial de la Edad del Bronce, que resulta totalmente inesperada. Por su estratégica ubicación topográfica, oculta entre montañas y alejada de los campos de cultivo, La Bastida debió ser desde el principio un centro político de primer orden, lo bastante poderoso como para concentrar una gran cantidad de recursos y trabajo de la población de un amplio territorio y lo bastante amenazado como para requerir un imponente sistema de fortificación.

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Zona identificada como de uso ritual. Foto: Mario Agudo Villanueva

Pregunta – ¿Vincula este yacimiento de algún modo con el de Los Millares?

Respuesta – Una de las cosas que más nos ha sorprendido es que la fortificación de La Bastida no entronca con la tradición en obras de defensa representada por el mundo calcolítico de Los Millares, pese a la escasa distancia cronológica y geográfica que los separa. La única vinculación es genérica y se refiere a la construcción de recintos fortificados en ambos casos. Sin embargo, las tradiciones constructivas son muy dispares: lienzos sobre terrenos predominantemente llanos y bastiones huecos de contorno curvo con usos no exclusivamente defensivos en la Edad del Cobre, frente a fortificación en pendiente, torres cuadrangulares macizas, poterna y especialización militar en el caso de La Bastida. Las diferencias arquitectónicas mencionadas arrastran también dos concepciones distintas en poliorcética, es decir, el arte de defender y atacar plazas fuertes. Las fortificaciones calcolíticas pueden concebirse como parapetos levantados por una comunidad local, que se apresta a repeler el asalto con herramientas convertidas ocasionalmente en armas. La elevada frecuencia de puntas de flecha evoca el protagonismo del combate librado a cierta distancia. En La Bastida también se trata de obstaculizar el asalto, pero la concepción general de la obra se ajusta a un combate de proximidad, en el que el trazado de la muralla fuerza a los asaltantes a situarse permanentemente en desventaja: cuesta arriba, entre el barranco y la pendiente, en un lugar cada vez más estrecho, ofreciendo su flanco derecho –el menos protegido- a los defensores, sin ver lo que les espera en el entorno de la puerta que pretenden echar abajo. La estrechez del espacio frente a la puerta reduciría la concentración de atacantes en ese punto estratégico y, por tanto, dificultaría el uso de arietes u otros mecanismos para derribar la puerta basados en la concentración de fuerzas. Quien lograse franquear el umbral, todavía debía atravesar un pasillo estrecho donde quedaba expuesto al lanzamiento de proyectiles por ambos lados. La cercanía entre las torres sugiere una menor importancia de las armas capaces de lanzar proyectiles a media y larga distancia.

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Aljibe de La bastida. Foto: Mario Agudo Villanueva

Las novedades en arquitectura y poliorcética acompañaron relaciones políticas y económicas también muy distintas a las anteriores. La violencia entre comunidades del calcolítico dejó paso a la violencia militarizada de la Edad del Bronce, en la que un grupo especializado en su ejercicio ostentaba también el dominio como clase social.

Pregunta – Han sugerido la posibilidad de que trabajaran en la zona arquitectos orientales por el parecido de los restos a los de la ciudad de Troya. Detállenos en qué se basa esta hipótesis.

Respuesta – En el punto anterior hemos mostrado el carácter técnica y socialmente rupturista del sistema defensivo de La Bastida, respecto a la tradición vigente desde siglos atrás en Occidente. Sin embargo, los elementos novedosos que aporta La Bastida no lo serían tanto si efectuásemos la comparación con yacimientos situados en una amplia región entre los Dardanelos y el Sinaí, hablando en términos generales. Aquí, en contextos del Bronce Antiguo avanzado datados entre 3000 y 2300/2200 antes de nuestra era, hallamos puntualmente elementos como torres cuadrangulares y poternas, que tuvieron un papel destacado en la defensa de los primeros centros urbanos levantinos y anatólicos, periódicamente amenazados por centros rivales, por los imperios mesopotámico y egipcio y por grupos periféricos en movimiento. La acrópolis de la segunda ciudad de Troya (Turquía), Egina-Kolonna (Grecia), Arad, Tell el-Far’ah, Tell Gath, et-Tell, Tell Yarmuth y Tell Dothan (Palestina) o Khirbet ez-Zeraqon y Pella (Jordania), entre otros, poseen elementos constructivos con ciertos paralelismos con los de La Bastida.

En estos momentos, nuestras investigaciones se dirigen a valorar en profundidad dichos parecidos formales, a fin de pronunciarnos sobre la intensidad y el carácter de aquellas hipotéticas relaciones mediterráneas. Según sea la respuesta, descartaremos una de las dos alternativas que actualmente barajamos: que un grupo relativamente numeroso de gentes foráneas con conocimientos militares se asentase en el sureste, cambiando con ello el rumbo de la historia en la región, o bien que la presencia de elementos materiales inéditos en el sureste responda a un fenómeno casual o marginal en el contexto de un desarrollo protagonizado por las comunidades locales.

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Puerta de acceso al taller metalúrgico. Foto: Mario Agudo Villanueva

Pregunta – ¿Cuáles serán los próximos trabajos que se acometan en la zona?

Respuesta – La consolidación de los elementos arquitectónicos de la fortificación constituye una prioridad, puesto que la acusada pendiente del terreno favorece el efecto de los agentes erosivos. Además, también es necesario acondicionar accesos seguros, con la vista puesta en los itinerarios para las futuras visitas. En lo que respecta al resto del yacimiento, nos hallamos inmersos en las obras de musealización del barrio situado en la ladera baja del cerro. Esperamos concluir dichos trabajos en noviembre, e inaugurar a partir de entonces las visitas diarias al yacimiento.

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Urnas cinerarias restituidas. Foto: Mario Agudo Villanueva

La continuación de las excavaciones es otro de nuestros objetivos. Lo desvelado hasta ahora de la fortificación es sólo la punta del iceberg de una instalación compleja y monumental, que a buen seguro permitirá avanzar en el conocimiento de los orígenes del estamento militar en Occidente y el papel de la violencia física en el mantenimiento de relaciones políticas jerárquicas y de explotación económica, e incluso en la creación de sentimientos de adhesión identitaria. Otras zonas del yacimiento, fundamentalmente de la cima y las laderas medias, también figuran en nuestra agenda, ya que su excavación contribuirá a completar el cuadro urbanístico y social de una de las primeras ciudades de Europa continental.

Autor

Mario Agudo Villanueva

Más información en:

El yacimiento arqueológico de La Bastida (Totana): pasado y presente de las excavaciones

http://www.la-bastida.com/